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Cuando vi entrar al feroz rematador cubano Aroldis Chapman para lanzar el noveno inning defendiendo una ventaja de tres carreras, 4 por 1, pensé: esto está cocinado, los Medias Rojas no podrán salirse de la paila. El jonrón de Mookie Betts contra Masahiro Tanaka, adelantando a los de Boston 1-0 en el cierre del quinto inning, había sido borrado y aparentemente sepultado, por la arremetida de cuatro carreras yanquis frente al pitcheo del abridor David Price y el relevista Hembree en el inicio del séptimo. David Robertson, Zach Britton y Dellin Betances, colgaron ceros a los Medias Rojas en los innings 6, 7 y 8, y el mánager Aaron Boone, acariciando evitar la barrida en la serie de cuatro juegos, llamó a su estrangulador de cierre, Aroldis Chapman. 

No, siendo tan temido por sus lanzamientos de 100 millas, el salvador de 29 juegos no podía malograr esa ventaja de tres carreras. Ni en la peor pesadilla pensó Boone. El 4-1 permanecía inalterable en la pizarra con dos outs por ponches y dos circulando por boletos. La incertidumbre del cubano no era preocupante, y Steve Pearce de 4-0 en la noche parecía pescado frito frente al plato pese a su antecedente de tres jonrones en el primer juego. No fue así. Chapman lo boleó llenando las bases, con el implacable Julio Daniel Martínez, líder jonronero y empujador de la Liga viniendo hacia el plato, amenazante. Su hit llevó hasta el plato a dos corredores recortando la distancia 4-3, y el error de Andújar en tiro sobre batazo de Bogaerts, permitió que el juego se empatara 4-4, anotando Bradley, corredor emergente, desde segunda.

Benintendi decide juego

De pronto, los Yanquis se encontraban de nuevo en la cueva de los vampiros, sin saber hacia dónnde ir, y en el cierre del inning 10, el hit impulsador de Benintendi contra el derecho Jonahan Holder, los dejó tendidos. La barrida los separaba nueve juegos y medio de Boston después de haber dado por un hecho, amanecer a siete y medio. Boone, Andújar, Chapman, querían que se los tragara la tierra. Antes de iniciarse esta serie, lo único que se consideraba seguro, es que no habría barrida, de ningún lado. A un out de la victoria, el brazo izquierdo de Chapman se deshilachó cediendo tres boletos. La estocada de Martínez y el error de Andúja, sacaron del hoyo a Boston, equipo que inyectado de adrenalina, supo matar en el décimo.

Sin los cañones de Aaron Judge y Gary Sánchez, con el pitcheo de su astro Luis Severino carcomido en sus últimas cuatro aperturas, sufriendo el trabajo retorcedor de bates realizado por Rick Porcello y Nathan Eovaldi en los juegos 2 y 3, más el flaqueo de Chapman, y el bateo oportuno de los Medias Rojas, quedó la impresión, pese a quedar ocho semanas pendientes, que todo está escrito en el Este de la Liga Americana. No es así, pero es lo que se siente y lo que se cree. Sobre todo, porque este equipo de Boston, que no contó con los brazos de Chris Sale y Eduardo Rodríguez, no deja títere con cabeza y avanza como un tren bala rumbo al banderín y un inevitable enfrentamiento impredecible con los Astros de Houston, que disponen de un mejor pitcheo abridor.