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Hay alguien golpeando las puertas de nuestro Salón de La Fama. Es la figura más visible de la promoción 2018, que se mostrará al público el día 15 de septiembre en el Hotel Crowne Plaza, el peleador Adonis Rivas, campeón mundial de las 115 libras en el 1999 derrotando al azteca Diego “Peluche” Morales en el territorio de la OMB y de las 112 libras superandoen el 2002 a Jahir Jímenez por el cetro vacante de la misma organización. Saltando por encima de sus limitaciones, obviando su condición de no favorito, ofreciendo una admirable demostración de superación, Adonis se agigantó frente al reto y se coronó. 

Un corazón apropiado

Para ir en busca de una proeza, se necesita tener un corazón lo suficientemente grande y lo necesariamente valiente en un deporte tan exigente, devastador y cruel, como es el boxeo y además, saberlo utilizar de diferentes formas. Un corazón latiendo junto a cada jab, resoplando en la furia de los cambios de golpes, agitado al extremo en los momentos adversos. Uno de esos corazones movió hacia delante en todo instante al bravo púgil leonés aquella noche del 20 de noviembre de 1999, en el cuadrilátero del Hotel Hard Rock en Las Vegas. Después de esa gran victoria, se desbordó la emoción y aparecieron las lágrimas. Su primer pensamiento fue hacia su madre. “Nunca más vas a hacer tortillas mamá. Voy a defender este título con uñas y dientes”, dijo Adonis en la entrevista que le realizó Miguel Mendoza para Radio La Primerísima.

Adonis supo establecerse sin precipitarse hacia acciones no convenientes. Esperó lo que la pelea podía ofrecerle mientras Morales colocaba sus cartas sobre el tapete y de inmediato, apretó el acelerador controlando sus impulsos, imponiendo su autoridad, calibrando las tarjetas, sorprendiéndonos a nosotros, y quizás, sorprendiéndose a sí mismo. No fue una pelea épica, ni sangrienta, ni dramática, ni apocalíptica, ni un curso de técnica boxística. Fue simplemente, una lección del aprovechamiento de las posibilidades, del manejo de los recursos disponibles, una prueba de la utilidad que tiene asumir la iniciativa y no soltarla, conducirla como lo hace Lewis Hamilton a  través de dificultades en Fórmula Uno, prevaleciendo casi siempre.

Fue un triunfo claro

¿Cuál fue el factor más decisivo en la gestión exitosa de Adonis? Sin duda, esa exuberante condición física, fabricada en intensas sesiones de adiestramiento y fortalecida por las sopas de mamá, le permitió cerrar el combate con una intensidad llamativa, mientras el mexicano mostraba los inequívocos síntomas del  desgaste. Fue eso lo que facilitó proporcionarle claridad a los jurados, alejarlos de cualquier tipo de distorsión, y garantizar un fallo justo visto desde cualquier butaca en las tribunas del Hard Rock.

Vimos a Adonis a lo largo de su esfuerzo, sin duda un llamativo ejemplo de humildad y disciplina, realizar defensas en el casillero de las 115 libras, frente a Pedro Morquecho y Joel Luna Zárate antes de entregarle el cinturón en Panamá a Pedro Alcázar, quien logró enredarlo manteniéndolo desarticulado. El nicaraguense, bien asesorado, decidió regresar a las 112 libras y el 4 de mayo del 2002, se apoderó del cinturón interino de esa categoría, avalado por la OMB, perdiendo posteriormente con el experimentado argentino Omar Narváez. El mayor reconocimiento que se le hace a Adonis es el de superar todas las expectativas, ninguna de ellas viéndolo coronarse. Sus triunfos, aunque algunos dificiles, fueron legítimos. En un país como el nuestro, de muy poca elavación deportiva, un púgil de dos coronas mundiales, salta a la vista como aspirante al Salón de la Fama. Adonis golpeó las puertas y estas se abrieron. El 15 de septiembre hará su ingreso.