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LONDRES
La venganza que tanto anhelaba John Terry y el resto de los bad boys del Chelsea, cinco semifinales en las últimas seis temporadas de la Champions, tendrá que esperar.

El gol sobre la bocina de Iniesta impidió la reedición de la pasada final de la Liga de Campeones, en la que el club londinense, tras un resbalón en el momento más inoportuno de su capitán, perdió en la tanda de penaltis contra el Manchester United.

“Se ha hablado de una teoría de la conspiración de la UEFA, a la que no interesaba por segunda vez una final inglesa... Pero esas son palabras duras, se ha dicho y se ha escrito mucho sobre el tema, pero es algo imposible de comprobar”, observó Gus Hiddink.

“No la quería tocar, pero la pelota me ha impactado en la mano”, admitió Piqué, señalado como culpable de un penalti no cobrado. El entrenador holandés del Chelsea controló como pudo su frustración. “Ahora sigo lleno de adrenalina y me tengo que calmar, pensar en frío y darle un buen análisis a lo que ha ocurrido. Creo que hemos jugado un partido muy decente, muy táctico, pero ésa no es la sensación con la que me quedo... Siento que nos han robado el partido y que hemos sido víctimas de una injusticia”, bramó Hiddink, que cuando finalice la temporada dejará al Chelsea para centrarse en la selección rusa.

Menos sosegados se mostraron Ballack y Drogba, que persiguieron a Tom Henning, el árbitro noruego, por el césped de Stamford Bridge. El centrocampista alemán increpó al colegiado tras chutar al cuerpo de Eto’o instantes antes del final.

“¡Está claro que Eto’o la despejó con la mano!”, se lamentó el centrocampista alemán, que vio la amarilla por sus continuas protestas. Henning también fue magnánimo con Drogba, al que apercibió con la misma amonestación en vez de con la roja.

Varios compañeros y miembros del cuerpo técnico del Chelsea, entre ellos el propio Hiddink, sujetaron al delantero de Costa de Marfil a duras penas. Drogba gritó una y otra vez a las orejas de Henning que viera de nuevo el partido para que se diera cuenta de que se había equivocado en varias jugadas puntuales.

Después, mientras le arrastraban como podían al vestuario, gritó como un poseso y con las pupilas dilatadas a las cámaras de televisión: “¡Lo que ha pasado es una jodida vergüenza! ¡Una jodida vergüenza!”

Hiddink le dio la razón. “A Didier lo entiendo y lo protejo. Las reacciones y emociones después de un partido tan intenso son así. Estaba lleno de emoción, y de adrenalina, y lo importante es que no cruzó la línea. Drogba no ha pegado a nadie”, le justificó el preparador cuando le preguntaron por el puñetazo que el punta africano dio a una pared, prácticamente al lado del colegiado.

Hiddink también se mostró muy crítico con la actuación del colegiado. “Hemos tenido muchas ocasiones que tendríamos que haber materializado y ahora no tendríamos que estar discutiendo los posibles penaltis. ¡Hubo tres o cuatro!”, prosiguió Hiddink, que a continuación repasó las jugadas para él dudosas. “A ver, tuvimos una con Maloudá, al que empujaron dentro del área y el árbitro estaba en buena posición para verlo.

Y luego hubo otras dos situaciones similares con Anelka, cuando Piqué levantó la mano y después con Eto’o, en un choque con Ballack... Pero si vemos la grabación del partido, seguro que hay más”, afirmó rotundo. El central del Barcelona no se escondió. “No la quería tocar, pero la pelota me ha impactado en la mano. Para una vez que el árbitro se equivoca a nuestro favor, disfrutémoslo”, alegó el central azulgrana.

Pese al berrinche, el técnico del Chelsea no tuvo una sola mala palabra contra el Barcelona. “No quiero culparles por nada. Mis quejas van hacia el árbitro. No he visto una actuación más mala en mi vida. Todo mi respeto al Barça, no tengo nada en contra de ellos”, aclaró.