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Las marcas están ahí, expuestas a las embestidas, listas para ser derribadas. Dennis Martínez siempre ha estado claro de eso. Así que vio con naturalidad, sin molestia que carcomiera su ánimo, la persecución que de su récord de 245 victorias, máxima cifra para un pitcher latino, estaba haciendo el derecho dominicano Bartolo Colón, cada vez más cerca, hasta que finalmente consiguió  superarla la noche del martes, doblegando 11-4 a los crecidos Marineros de Seattle.

Después de cinco derrotas consecutivas el brazo de Colón mostraba heridas con sus manchas de sangre, pero su entusiasmo seguía siendo galvanizador. Tan perseverante como Ulises en la Odisea, el dominicano de 45 años mantuvo intacta su fe en esa victoria 246 y, sin alardes, la obtuvo con pitcheo sencillo de 8 hits a lo largo de 7 entradas, incluyendo jonrones consecutivos de Nelson Cruz y Kyle Seager, sin ceder boleto y ponchando solo a un adversario. Recordemos que hace 20 años, en 1998, Denis se apuntó el triunfo 245, sacando cuatro outs como relevista contra los Mets, desde la colina de los Bravos de Atlanta. 

“Merece admiración”

¿Qué tanto golpea ser despojado de un récord? “No, no me molestó. Lo esperaba desde hace un buen rato. Sabía que iba a ocurrir este año. Seguí cada uno de los pasos de Bartolo, porque me hacía recordar el esfuerzo que hice para superar a Juan Marichal en 1998 y valoré correctamente su terquedad.

Eso tiene que ser admirable, merecedor de un gran reconocimiento. Ahora a esperar que vengan otros tras las cifras de Marichal, Colón y las mías. Eso nos hará sentirnos vivos. Obligará a que la gente nos recuerde”, respondió Dennis desde su casa en Miami.

Colón, que parecía casi descartado el año pasado, envió a tiempo señales de vida para interesar a los Gemelos de Minnesota después de 2-8 y un “por favor no miren estas cifras” de 8.14 en efectividad con los Bravos.

Los Gemelos lo llamaron sorprendentemente y resurgió agregando 5 triunfos para llegar a 240, una aproximación quita sueño para Marichal y Dennis… Dos veces ganador de 20 juegos y tres de 18, Colón es un caso de enderezamiento retando el desgaste, pocas veces visto. El martes, rasurando su barba, tirando el bastón a un rincón, sintiendo una transfusión de sangre en su brazo derecho, Colón se lanzó en busca de la proeza, y la alcanzó. El triunfo 246.

Si Molitor no ha creido

Hay un factor que resultó clave, y fue la confianza mostrada por el mánager de Minnesota, Paul Molitor. Después del estrepitoso naufragio con los Bravos en el 2017, prácticamente descartado, Molitor recibió una señal de su sexto sentido mientras lo observaba y dijo: “Hey, esperen, algo le veo. Puede ser útil para el equipo”. La gerencia le creyó y abrió espacio para el dominicano sin revisar su fecha de vencimiento.

Si Molitor no ha confiado en él, la carrera de Colón pudo haberse cerrado en el 2017. Cerrando con 240 triunfos esa temporada, su futuro quedó flotando alrededor de una gruesa intriga: ¿a qué equipo interesaría para la campaña del 2018? Fue contratado bajo riesgo por los Rangers y, pese a la inseguridad que estuvo mostrando en el inicio, logró superar a su ídolo Marichal y colocar en jaque a Denis.

Sin haber llegado a media temporada, tenía el tiempo a su favor. Derrotado en cada una de sus cinco aperturas realizadas en el mes de julio, el dominicano comenzó a preocuparse seriamente, pero el martes por la noche, enfrentando a Félix Hernández, sin flaquearle el control, Colón sacó fuerzas del fondo de su alma y le dio forma al ansiado triunfo 246. Casi sale corriendo desnudo del baño como Arquímedes, gritando, no “¡Eureka!”, sino “¡Apártate Dennis!”