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Desde que llegó al Barcelona entre mucho ruido y grandes expectativas, el joven francés de 21 años, Ousmane Dembélé, ha estado siendo sometido a escrutinio. El ¿qué tan bueno es?, lo ha perseguido implacablemente.

Ayer en Tanger, durante el triunfo del Barcelona sobre el Sevilla por 2-1 para ganar la Supercopa de España, Dembélé creció de golpe, culminando su actuación de abrillantado, con un remate de derecha desde fuera del área, que se incrustó en el ángulo superior izquierdo de la cabaña del checo Tomás Vaclik, decidiendo la batalla en el minuto 78.

Más allá de ese latigazo, lo que se vio de Dembélé en todos los aspectos de su capacidad de agresión, fue muy alentador respecto a su probable aporte en esta nueva temporada. El francés, moviéndose por la izquierda y combinándose con Jordi,  fue en todo instante un agitador entrando constantemente al área y multiplicando las amenazas del equipo azulgrana.

No fue el mejor jugador del Barsa porque Messi, tranquilo, sin excederse, exhibiendo su liderazgo, manejó los hilos del juego, proporcionando posibilidades de marcar constantemente.

Ter Stegen evita prórroga

El Sevilla se adelantó rápidamente 1-0 con el gol de Sanabria en el minuto 9, un certero remate de zurda inutilizando a Ter Stegen, después que Muriel logró abrirse paso desequilibrando a Lenglet, y el Barsa, dueño de la pelota y fabricante incansable de posibilidades, tuvo que esperar pacientemente dentro de su insistencia, hasta el minuto 43, para que Piqué, aprovechando un rebote del poste provocado por tiro libre de Messi, nivelara las cifras.

En el 78, casi inmediatamente que el Barsa malogró una triple acción de remate exigiendo a Vaclik, apareció Dembélé por la derecha, y decidiendo no dar un paso más hacia delante, apretó el gatillo desde fuera del área.

Trazó un rayo láser fuera del esfuerzo de Vaclik y sacudió las redes del resistente Sevilla. Aprovechando la temprana ventaja 1-0, el Sevilla, que falló un penal en el minuto 90 por culpa de Ben Yedder con atajada de Ter Stegen, descartando la prórroga, esperó que tipo de oportunidades se le presentaban para rápidas y peligrosas transiciones, tratando de tomar adelantada a la defensiva azulgrana. El Barcelona sin precipitarse, se sintió confortable controlando el ritmo del juego y antes del descanso, empató 1-1 con el remate de Pique.

Messi el conductor

El trabajo de Messi como organizador, fue muy preciso. Juntándose con Coutinho y estando Arthur y Busquets atrás, el Barsa asegura contención, recuperación y proyecciones. El astro argentino fue entrando en calor poco a poco, sacudiéndose la oxidación, y fue el eje de la mayoría de las movilizaciones azulgrana.

No puede decirse que fue una demostración plena de cómo funcionará el Barcelona, pero las señales enviadas fueron obvias. La posesión del balón seguirá siendo lo esencial en el equipo catalán.

Ayer fue más penetrante por la izquierda que por la derecha, pero una vez incorporado Sergi Roberto, y contando con el ímpetu de Vidal, ese cuestionamiento puede ser resuelto. Es un Barsa listo para enfrentar los retos que le plantearán el Real Madrid y el Atlético por el título de la Liga, y fortalecer pretensiones de extenderse en la Champions. Se mostró, sin estar al tope de su funcionamiento, como un equipo lo necesariamente sólido en todos los sectores.