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Cioran, el escritor rumano autor del conocido y esencial libro “Breviario de podredumbre”, hace una advertencia: “No puedes fabricar un infierno si tu también tienes que vivir en él”. Es lo que está ocurriendo aquí: el infierno por el que atraviesa este desventurado país, tan golpeado por las ilusiones rotas y pérdida de oportunidades, es para todos, para las víctimas y también para los victimarios.

Tan es así, que el único tranque visible y el más impresionante por el área y custodia, lo usan los gobernantes. La relación entre ellos y la mayoría de la gente se quebró por el estilo de mando, recorte de derechos, falta de institucionalización, sometimiento extremo y muchas otras cosas más, y ha llegado al punto de lo irreparable.

La tristeza que cobija al país cada amanecer y durante el transcurso de los días, es para todos, igual que la necesidad por alcanzar la paz, eso sí, una paz con justicia, lo que lamentable y dolorosamente, por lo visto, con una represión sostenida y descalificaciones antojadizas, es 
improbable.

El poder de la gente

Nada es normal, excepto la inseguridad en que la patria se mueve como en una danza grotesca. El sabor amargo de esa situación caótica, es para los unos y para los otros. Entre la preocupación, todos somos iguales, aunque no en la aplicación de las leyes. Decía el recién fallecido Kofi Annan, exsecretario de la ONU y premio Nobel de la paz, que el poder reside en la gente, y cuando la gente —entiéndase la mayoría— te pierde confianza, el poder se debilita drásticamente.

Hay gobernantes que pierden de vista eso, y entre ellos está Daniel, hasta que se producen estallidos como el de abril, tan estremecedores como el del Vesubio.

Frente a una represión sin medida, con niveles de sanguinaria, todos los organismos involucrados en elaborar diagnósticos con las evidencias bien documentadas con imágenes y versiones, fueron directamente a señalar los culpables y su grado de responsabilidad en la tragedia humana que vivimos, merecedora de ser descrita por Sófocles o Shakespeare.

El tiempo pasa, el drama sigue

En las altas esferas, no hay reflexión —aunque Carlos Fonseca Terán hizo un llamado a eso según lo visto en Facebook— y tampoco se proponen soluciones a la crisis mientras el tiempo pasa y el drama pica y se extiende, con un desempleo galopante, una economía en deterioro minuto tras minuto, una angustia creciente, persecuciones implacables, fugas del país, desesperación por la anormalidad, un país en ruta hacia la nada y la posibilidad de paz, desnuda y enclenque.

La gente en su gran mayoría, sin temor, colocando a un lado la prudencia frente al peligro de lo represivo, sigue en las marchas haciendo reclamos. Son ellos mismos los que se exigen levantar sus manos y gritar ¡Presente, aquí estamos! No se puede predicar contra el odio, destilando odio.

Poéticamente no rima. No se puede permanecer indiferente frente a la exigencia de justicia, como si los cadáveres de quienes han muerto batallando por un país diferente, no tuvieran significado, no fueran nicaragüenses. No se puede obviar las actitudes, el pensamiento y el sacrificio de Sandino. Se trata de un infierno en el cual estamos todos. Los de abajo y los de arriba.