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EDGAR TIJERINO M.
tijereteando@yahoo.com

Hay varios detalles que impresionan en este Real Madrid de Lopetegui, que tiene entre sus propósitos, aún lamentando la pérdida de un jugador tan grandioso como Cristiano Ronaldo, regresar al trono del futbol español, hacerse sentir en la Copa del Rey y pelear la Champions. Permítanme un momento para rascar mi cabeza: estoy hablando de un triplete, proeza que el equipo de la realeza nunca ha conseguido. 

¿Será posible eso en el debut de Lopetegui y con Cristiano lejos, fajándose en el futbol italiano? Obviamente es un gigantesco reto, pero una atracción estimulante, y el Madrid ha entrado a la Liga sonando los tambores de guerra, apretando el gatillo y sacudiendo redes. 

Revisen estas primeras señales: 2-0 al Getafe, 4-1 al Girona y ayer 4-1 al Leganés. 

Cierto, no son equipos de “alcurnia”, ni temibles, pero ojo, el Getafe y el Girona terminaron adelante del Celta en el último torneo, y este equipo discreto derrotó al Atlético de Madrid 2-0, con un gol anulado a Cabral que pareció ser legítimo y hubiera ampliado 3-0. Maxi Gómez y Iago Aspas marcaron por el Celta en esta victoria sorprendente que golpeó a Simeone.

Un equipo muy flexible

La promoción que se hizo del Atlético jefeado por Griezmann y Costa, fue la de un equipo del tamaño del Barcelona, ligeramente superior al Real Madrid sin Cristiano, y consecuentemente, capaz de ganar la Liga. ¿Se imaginan qué se estaría diciendo de un Real Madrid superado por tres goles sin poder anotar? La piel de Lopetegui hubiera quedado hecha tiras y el futuro del equipo, tan golpeado como el rostro de “Finito” en su segunda pelea con Rosendo. 

El gol abridor de Bale, un estupendo remate de derecha, de volea, dentro del área, adelantó al Madrid 1-0, pero el Leganés empató a los 23, por un penal ejecutado por Guido Carrillo, dejando sin chance al arquero debutante Tibaut Courtois. 

En el segundo tiempo, el control casi absoluto y el peso de la contundencia por parte del equipo blanco: centro largo de Asensio y cabezazo mortífero de Benzema mientras apartaba un estorbo, confirmado por el VAR para el 2-1; un remate rasante de derecha del francés que abrió surco antes de extenderse hasta las redes junto al poste izquierdo, ampliando 3-1; y el penal de Ramos, con frialdad y precisión, desarmando a Cuéllar sellando el 4-1.

Cristiano en blanco 

Pudo ser más amplia la diferencia. Asensio, Isco, Bale y Benzema, estuvieron muy cerca, pero no fue necesario. Una vez más, el Real Madrid demostró disponer de suficiente pólvora para mantenerse humeante, y no solo eso, sino lo más importante, su flexibilidad y facilidad para mover la pelota, fabricar espacios y llegar a fondo constantemente. En algunos momentos, hizo recordar a aquel Barcelona de Guardiola, tejedor de belleza. Y es con ese mediocampo en el que se juntan Modric, Kroos, Casemiro e Isco, se pueden fabricar milagros entre las brasas. 

Mientras tanto, en la tercera victoria del Juventus en Italia, ahora por 2-1 frente al Parma, con estocadas de Mandzukic y Matuidi, el portugués Cristiano Ronaldo aún no logra marcar. Tuvo oportunidad, pero posiblemente el exceso de ansiedad lo está afectando. 

En Francia, con un gol olímpico de DiMaría desde la banderilla, y agregados de Neymar, Mbappé y Cavani, el Saint German le clavó 4-2 al Nimes, y en Inglaterra, el fogoso Liverpool, permitió su primer gol en cuatro juegos por una imprudencia “a lo Karius” del portero brasileño Allison, queriendo salir driblando, pero se impuso 2-1 al Leicester manteniendo el abrazo con el Chelsea en la cima del futbol inglés.