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No hay duda. El serbio Novak Djokovic ha regresado al nivel de ferocidad implacable que lo caracterizó en su mejor momento, cuando no dejaba títere con cabeza en las diferentes canchas de tenis.

Su victoria sobre un excelente Juan Martín del Potro, le permitió mostrar toda la gama de sus recursos, esa confianza absoluta que lo acompaña, y que explica por qué gana 22 de sus últimos 23 juegos, y alcanza su título 14 en torneos de Grand Slam, igualando con el inolvidable Pete Sampras.

Después de imponerse en Wimbledon, Djokovic ha derribado todos los obstáculos que ha encontrado, y ayer en Nueva York, maravilló con puntos de fantasía, exhibiendo un alcance extraordinario para cubrir sus costados y proyectarse hacia delante, levantando constantemente al público de sus butacas.

El 3-0 es engañoso, porque Del Potro, ganador de este abierto en el 2009, ofreció una demostración de resistencia y excelencia pocas veces vista por parte de quien no gana un set. Solo este Djokovic tan próximo a la perfección, pudo frustrar al argentino tan competente y combativo. A simple vista, no hay forma de vencer a Djokovic en estos momentos. Ni Nadal, ni Federer, ni nadie.

Algo insólito

En la final femenina, la explosión de Serena Williams contra el juez Carlos Ramos, estremeció hasta los cimientos de la arena Arthur Ashe en Nueva York durante la final femenina del Open de Estados Unidos.

Acusada de recibir señas de su adiestrador Patrick Mouratoglou en el segundo juego del segundo set, la favorita Serena Williams fue advertida severamente, respondiendo en forma brusca que no hacía trampas y que el señalamiento era ofensivo e infundado.

Las protestas de Serena continuaron y después de romper su raqueta contra el piso, se aproximó a Ramos para increparlo por robarle un punto, llamándolo ladrón. Con el marcador 4-3 en ese momento, a favor de la extraordinaria japonesita Naomi Osaka, ganadora del primer set 6-2, Serena fue sancionada con un juego, y la pizarra mostró el 5-3 que la colocó contra las cuerdas… Navegando entre el oleaje de furia, Serena tuvo aliento para recortar la distancia 5-4; sin embargo, no pudo evitar ser doblegada en el siguiente para perder 6-4.

La victoria, resonante por encima del disturbio, convirtió a Osaka de apenas 20 años, en la primera jugadora de Japón en conseguir el título en un torneo de Grand Slam. Posteriormente, el entrenador de Serena admitió haber hecho una señal sin considerar eso grave, aún sabiendo que eso no está permitido, y la jugadora fue multada con 17 mil dólares por su actitud incontrolable, dejando una mala impresión, más allá de sus lágrimas.