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A pocos días de su reaparición entre las cuerdas, después de un año sin estar en acción, ha surgido una corriente de nicaragüenses que rechaza el apoyo brindado por Román González al Gobierno con su presencia en diferentes eventos. Es su derecho y expresa una actitud de agradecimiento. ¿Por qué negárselo? Como boxeador, Román es de todos. En una sociedad tan polarizada como la nuestra, exigimos comportamientos que se identifiquen con nuestra forma de pensar y proceder. Debe ser básico examinar a la persona y su trascendencia. Hace unos meses, el Gobierno cometió el error de no dimensionar la conquista del Premio Cervantes por parte de nuestro laureado escritor Sergio Ramírez. Era una distinción para Nicaragua, no para un sector. En las esferas de poder se negaron a “hacerle swing”. En alguna parte leí que la vida no es más que un sopor en el claroscuro, una inercia entre luces y sombras.

Ese agradecimiento

Román no tuvo una formación académica ni de cultivo alguno, como la han tenido muchos. Decidió ser boxeador, y consecuentemente puede que su alcance no sea necesariamente extenso, pero estamos viendo que aún saliendo de las aulas de Harvard u Oxford, hay personas que muestran la misma inclinación, por encima de la testarudez de los hechos que nos estremecen. El agradecimiento es una expresión de nobleza. El peleador ha recibido un abierto apoyo del gobierno en diferentes momentos y circunstancias, sintiéndose respaldado junto con su familia. Inevitablemente dentro de sus limitaciones y posiblemente empujado por su sencillez, siente que debe hacerlo público. Su conducta no gusta a quienes estamos involucrados en la batalla cívica, armados de ideales y esgrimiendo opiniones. Soñando con un cambio de sistema, debemos de respetar a quienes decidan transitar por la acera de enfrente. Es lo que no hacen ni quieren aceptar desde las esferas de Gobierno.

Tiene significado

Como peleador nos ha proporcionado grandes momentos, sin distingo de colores ni de creencia religiosa. Lo hemos admirado y ovacionado. Un ganador de cuatro coronas, reto para las futuras generaciones de peleadores nicas. No logró alcanzar el nivel de idolatría que consiguió Alexis Argüello, pero no olvidemos que se ha ganado a pulso un reconocimiento por sus ejecutorias, algo que no se puede negar. Ver al atleta de mayor significado de los últimos tiempos, ser sometido a escrutinio entre la agitación que producen las contradicciones generadas por un drama de mayúsculas proporciones, desde luego que preocupa. ¡Señores, hay que respetar la diversidad de pensamientos! Es uno de los objetivos de esta lucha. Su identificación voluntaria con un sector impide asimilar su agradecimiento. ¿Por qué considerarlo no grato? No me parece justo. Espero que gane, que pueda reconstruirse y como nicaragüense, contar con su aporte en la reconstrucción que vendrá en este país.