•   Las Vegas, Estados Unidos  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Regresa hoy “Chocolatito” a la brasas. Ha pasado un año después de Rungvisai y parece un siglo, el de las sombras. Estoy ansioso por verlo en acción en busca de despejar este oleaje de intrigas que, por vez primera desde que sigo sus huellas, desarma mi imaginación cuando me preguntan ¿qué espero pueda ofrecer frente al azteca Moisés Fuentes? 

Quisiera tener una idea, no necesariamente clara de su posible propuesta, pero mente y visión se sienten deambulando inevitablemente entre una neblina. Ese extraño “Chocolate” visto en la segunda pelea con Rungvisai aún me tiene mareado. Obviamente la principal intriga y al mismo tiempo factor clave es ¿qué tanto logró reconstruirse, física, cerebral y anímicamente? Tiene que juntar todo eso para volver a combatir con la flexibilidad, determinación y precisión que lo elevaron a la grandiosidad. Y como todo eso es misterio, incluso la exigencia de su preparación, aunque la imaginación es poderosa, no hay forma de atreverse a un serio enfoque previo. 

Levantarse y resurgir

Ya lo he apuntado, pero vale la pena repetirlo: Encumbrarse encima de la adversidad es lo que te hace verdaderamente grande. Aún después de la derrota en Leipzig, su destitución y el exilio en la isla de Elba, Napoleón regresó para reactivarse 100 días antes de lo ocurrido en Waterloo. El boxeo ofrece un territorio apropiado para regresos memorables. Robinson después de perder con LaMotta y con Maxim; Alí después de Frazier, de Norton y de Spinks; Leonard después de Durán y de aquel empate casi derrota con Hearns; Olivares reinventándose constantemente; Alexis dejando atrás el revés con Marcel; De la Hoya olvidando lo de Trinidad; Pacquiao tantas veces. Una derrota no liquida a un grande, a menos que te deje destrozado por fuera y por dentro. Y no me digan que el recorrido y la edad de Román, cierran las puertas a una restauración. A esa edad, he visto peleadores en plenitud.

El alma del peleador

Las sombras del ayer están ahí. Quiero borrar esa mirada triste hacia ninguna parte, esa falta de energía durante la presentación en contraste con lo mostrado por Rungvisai, ese inicio tan inseguro próximo a lo temeroso, esa falta de iniciativa, el no poder prevalecer en los cambios, ni evitar que el tailandés intensificara la presión y finalmente, verlo caer dos veces, estrepitosamente. ¿Cómo fue posible que de pronto, nos pareciera estar en presencia de un peleador desgastado, implacablemente inutilizado? Pese a ser el boxeo un deporte de golpeo destructivo, que te deja constantemente tan aturdido como Kid Gavilán, “Mantequilla” Nápoles o el mismo Alí, el alma del peleador es lo último que se va. Cuando comienza a apagarse es que piensas en no seguir, y ese fue el mensaje macabro que envió Román después de Rungvisai II. De esa forma quedó flotando una intriga: si el alma se debilitó y el temor a los riesgos que se multiplican en una pelea te aguijonean, el futuro se oscurece.

¿Qué podrá ofrecer?

Hay un deseo incontrolable y es volver a ver al púgil de boxeo alegre, fluido, atrevido, cargado de variantes ofensivas, con buen manejo del paso atrás y los laterales, utilizando combinaciones para contragolpear, atacando con los ojos bien abiertos en busca de esa precisión que lo convirtió en mortífero.

Frente a ese “Chocolate”, Fuentes, quien según analistas dejó atrás sus mejores momentos, no debería tener el menor chance, pero si se encuentra con el rival que fue sometido tan drásticamente por Rungvisai, puede ser una seria amenaza.

Así que la imaginación sobre el “Chocolate” que podemos ver hoy en Las Vegas, funciona en forma antojadiza, quizás hasta para él y su equipo de apoyo, también un poco confuso. El misterio de no saber que ofrecerá, hace la pelea tan intrigante como leer una novela de Perry Mason o Sherlock Holmes o viajar en el Expreso de Oriente al lado de Agatha Christie. Ni más, ni menos.