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Después de un año sin pelear, el retorno triunfal de Román “Chocolatito” González fue más tranquilo que ruidoso. El mexicano Moisés Fuentes fue derribado estrepitosamente, al sentirse estremecido por el estallido de una granada en su rostro. Desde el propio arranque, apenas enviando Román las primeras señales sobre la agresividad que ofrecería, manejando convenientemente un ritmo lento en busca de claridad para sus disparos, abolló con su larga izquierda la nariz del rival y estableció, más allá de esa derecha que recibió, una superioridad que creció bruscamente en el segundo asalto. Utilizando esas combinaciones de golpes que tan bien maneja, el nica abrió un corte preocupante en la ceja derecha del azteca, obligándolo a pelear con su rostro detrás de una cortina de sangre. En ese momento, pese a lo temprano del combate, lo intrigante se levantó de su butaca y salió huyendo de la arena. Estaba escrito que Fuentes no tenía ni fortaleza, ni recursos, ni bravura para enderezar el combate. Solo había que esperar un poco.

¿Qué podía hacer fuentes?

Mientras se desvanecía el tañido de la campana llamando al tercer asalto, uno se preguntaba ¿qué podría ofrecer Fuentes tratando de sobrevivir entre su evidente inferioridad? Y la respuesta directa era ¡Nada! Un asalto en el que Román tomó completamente las riendas, decidiendo cómo pegar y con qué frecuencia, preferentemente arriba, donde el daño aproximaría al pánico al mexicano. No necesitaba rapidez de traslado Román para estar encima del adversario, martillando con sus dos manos, recurriendo a dos fulgurantes repeticiones de izquierda. El calvario de Fuentes se extendió al cuarto round. Igual que en el anterior, el mexicano parecía agilizarse en el inicio, los primeros segundos, tantos como los que tarda Usain Bolt en recorrer 50 metros. Una vez que “Chocolate” lo fijaba en la mira de sus escopetas, el azteca regresaba al martirio, viendo venir los golpes hacia su rostro, a ratos en forma frenética. La zurda de Román funcionaba como un estilete, precisa, implacable y dañina. Sin nada por qué preocuparse, 
el pinolero sabía que los minutos de Fuentes estaban contados.

El derechazo matador 

El final del suplicio llegó para el mexicano en el quinto asalto. Quedó la impresión que Román dijo ¡Está bueno ya! y se volcó, sin prisa, con una calma sanguinaria, liquidándolo. Una vez más, el nica lo llevó contra las sogas y lo apretó cerrándole todas las posibles salidas. Fuentes se vio indefenso, acorralado y el arponazo de derecha fue demoledor, concretando una superioridad absoluta. Fue incapaz el mexicano de fabricarle alguna complicación al pinolero y consecuentemente dejó flotando varias intrigas, pero no hay nada más revitalizante que recuperar la confianza en la capacidad de agresión. Es lo que dijo Tito Trinidad en el Garden después de vencer a Ricardo Mayorga, quien fue para el boricua, un rival más decidido que Fuentes anoche. Ganar peleando solo no permite ensayar evaluaciones sobre el futuro inmediato. Alí regresó contra Jerry Quarry después de tres años y medio y creyó estar listo para atrevimientos mayores. Siguió contra Bonavena atravesando algunos problemas y decidió temerariamente ir contra Frazier, quien lo superó estremeciendo al planeta. Es obvio que Román necesita unas dos peleas más para poder ser calibrado correctamente, pero por ahora, lo hecho es suficiente y alentador.