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Una vez más, el boxeo se acostó tambaleante, sintiéndose mareado por un fallo polémico que nos hace preguntarnos ¿Qué tan difícil es captar la superioridad de un púgil sobre el otro, sobre todo, cuando las imágenes se están repitiendo en propuestas y desarrollo durante la mayoría de los asaltos? Igual que en la primera pelea entre “Canelo” Álvarez y Gennady Golovkin, vi ganar al kazajo, pero ahora con más claridad en una pelea intensa de gran desgaste físico, agradable para el público que busca como mantenerse tenso, masticando sus uñas, atrapado por las emociones en racha. Cuando el locutor de Space advirtió que aún ganando los dos últimos rounds, “Canelo” difícilmente podría aspirar a la victoria, consideré que era una opinión acertada.

No veía como podía ganar “Canelo” por puntos, pero lo logró en dos tarjetas 115-113, mientras la tercera fijaba 114-114 el puntaje. Más me sorprendió que en el programa pospelea del Sports Center, quienes celebraban la coronación del peleador azteca en el casillero mediano, decían tener en sus tarjetas un resultado empate. La excepción entre todos, incluyendo los ex campeones mundiales Chávez y Márquez, era David Faitelson, quien vio ganar a Golovkin, explicando su superioridad en casi todos los aspectos del combate.

Agresividad sostenida

El jab zurdo de Golovkin fue constante e incontrolable llegando al rostro de Álvarez, en tanto los golpes de este, se quedaban cortos, con ambos peleadores fallando sus swings más potentes y el combate en progreso. Dijo Márquez que la derecha de Golovkin no se vio.

En mis apuntes, después del tercer asalto, registro más apariciones de la derecha de Golovkin que de Canelo, sobre todo, en los acercamientos cuerpo a cuerpo. No tuvo la frecuencia de la zurda, porque el trabajo de esta mano, estaba siendo lo suficientemente eficaz y en la preocupación por cubrirse, la derecha del azteca estaba más atenta del bloqueo que de la agresión.

Fue con derecha que el kazajo abrió ese largo corte en la ceja izquierda del “Canelo”. Dijo Chávez que vio envejecido a Golovkin, lo cual es obvio en ruta a los 37 años, y que su ritmo de ataque no era tan frenético como en otros tiempos, pero, ¿en qué momento la agresividad de Golovkin estuvo ausente a lo largo de los 12 asaltos? Las arremetidas del mexicano, dos veces en arranque de rounds, y preferente en medio, parecían tener tiempo de vencimiento. Fueron más los rallies de golpes de Golovkin, aunque necesitados de mayor contundencia. Además, el todavía campeón, trataba de cerrar con mayor agitación. 

El útil paso atrás

Decir que Golovkin peleó retrocediendo es un error. Difícilmente vamos a encontrar al kazajo buscando las cuerdas, en cambio, lo verán insistiendo en sostenerse en el centro del ring. Sacó un gran provecho del paso atrás, que es diferente a salir en fuga. Lo hizo  para dejar sin distancia los disparos largos de Álvarez, y regresaba casi de inmediato, con su zurda en punta y su derecha amartillada amenazante.

Tan es así que si revisan el sexto asalto, aún mostrando ciertos síntomas de cansancio, se encontrarán con dos derechas consecutivas de Golovkin al rostro de Álvarez, que registró un gran inicio en el octavo round, pero finalmente fue contenido por la firmeza del recto zurdo del kazajo.

Claro que el esfuerzo del “Canelo” por buscar la pelea adentro contribuyó enormemente al espectáculo, pero el plan de Golovkin, muy bien realizado, fue salirse a tiempo de la línea de tiro, girar, frenar y regresar a la tarea. Eso funcionó como enfriador para la furia de “Canelo”.

El corte sufrido por Golovkin al lado de su ojo derecho en el último asalto, con mucha sangre, fue incidente en la calibración del cierre, pero pocos rounds me parecieron complicados de valorar. El mejor boxeo lo colocó entre las cuerdas el león veterano, logrando sujetar el empuje cargado de vitalidad del león joven. Si una tercera pelea entre ellos se hace cuando Golovkin llegue a los 40, mi favorito sería “Canelo”.