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Los Dodgers están heridos, sangran obviamente por la pérdida de Manny Ramìrez, pero no lloran. Han asimilado el imprevisto y machacante golpe, tan estoica y consistentemente, como la mandíbula de Alí, cuando fue sacudida por ese relampagueante y destructivo gancho zurdo de Joe Frazier en el Garden, en 1971.

El propietario del equipo, Frank McCourt, admite que en principio, un terrible malestar recorrió su columna vertebral convirtiéndola en una montaña rusa crujiente, pero una vez pasada la tormenta provocada por la kilométrica suspensión de 50 juegos, consecuencia de un positivo de Gonadotropina, una droga que reinicia la producción de testosterona, ha reflexionado sobre el futuro de la relación Manny-Dodgers.

“Me reuní con él y no le pregunté nada sobre el asunto, porque no estaba ahí para hablar del pasado, sino del futuro. Todos hacemos cosas de vez en cuando que decepcionan a las personas. Lo importante es cómo usted se las arregla con eso. Mi cólera se convirtió en decepción”, dijo McCourt a Dylan Hernández en nota publicada por Los Ángeles Times.

¿Cómo graficó el interés de los Dodgers por Manny, firmado actualmente por un año, con una opción para 2010? “Existe la posibilidad de llegar a un arreglo de 45 millones por dos temporadas”. Eso indica que pese al gigantesco hueco de 50 juegos, y lo que la ausencia del pelotero puede repercutir en las pretensiones del equipo, McCourt va a seguir adelante, porque Ramírez tiene un gran significado para los Dodgers tanto en lo deportivo como en lo comercial.

Preguntado sobre cómo puede dañar a los Dodgers este escándalo, McCourt utilizó una respuesta sacada con pinzas de la canasta de “suavizantes”: Es muy temprano para medir eso, pero nadie es más grande que una organización, ni Manny como pelotero, ni yo como propietario. Los Dodgers van a seguir”.

De diferentes maneras, hemos estado recibiendo señales sobre la co-existencia del béisbol con los esteroides, y no me sorprendería que el famoso Informe Mitchell fuera sepultado mientras se recurre a ciertos artificios, que aún sin poder abrir las puertas del Salón de la Fama, permitan tolerar el uso de aditivos que muevan montañas en busca de cifras, títulos y repercusiones impactantes.

La actitud de McCourt indica que si Roger Clemens estuviera disponible y Barry Bonds no tan desgastado, les abriría espacio, como ocurre con Alex Rodríguez, Jason Giambi y tantos otros, con el público llenando las tribunas y el negocio floreciendo pese a los múltiples cuestionamientos.

Pueden apostar que las camisetas de Manny Ramírez se seguirán vendiendo en Los Ángeles, tanto o más que las de Rodríguez en Nueva York, porque pese a frases como “Dime que no lo hiciste Joe”, dicha por un niño a “Descalzo” Jackson, los fabricantes de impactos sobreviven en el mundo actual, cada vez menos redondo.

Así que el interés de los Dodgers por Manny, está intacto.

dplay@ibw.com.ni