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Apenas unas horas después de haber escuchado desde las esferas de poder, al sonar de claros clarines, ¡Muerte al somocismo!, aparecen nuevamente señales inequívocas que el somocismo anda por ahí, a veces encapuchado, sembrando terror. Un jovencito de 16 años, Max Andrés Romero, ofrendando su vida, le truncaron su futuro.

Un momento que mirando al cielo nos preguntamos aturdidos ¿Por qué, Señor? Podría ser un severo castigo por el pecado de nuestra larga e imperdonable negligencia. En el grito desgarrador ¡No más somocismo! estamos hermanados los nicaragüenses que soñamos con la libertad y la democracia. Con un agregado, ¡No a cualquier aproximación al nefasto somocismo!, sobre todo, ¡No a algo peor!, como tantos analistas han enfocado con precisión de mosquetero. Lo que vimos ayer grafica claramente a la valiente chavalada de la nueva generación, lo que era crudamente el somocismo. No es necesario que vayan en busca de libros de historia antigua, está siendo macabramente actualizada.

¡Cuánta semejanza!

El somocismo fue una historia manchada de sangre. Las represiones, con diferentes niveles de brutalidad, fueron incontables; su desprecio por lo humano, sencillamente escalofriante.

El “me vale” de aquella dictadura que tanto costó derribar con el impulso de lo que fue y significó Sandino, una muestra de desfachatez permanente; la distorsión de los hechos puede ser comprobada comparando las justificaciones de aquel entonces y este tiempo, registradas en notas publicadas en los periódicos; la utilización de la mentira, incapaz de ocultar la verdad como lo deseaba Goebels, llegó a ser en el somocismo un recurso agotado, inútil; el rechazo a la democracia, fue en todo instante una constante; la preocupación por el presente y futuro del país, inexistente; el aferramiento al poder era lo esencial sin importar que las cárceles se llenaran de patriotas sometidos a cargos infundados y torturas erizapelos.

Algo insospechado

Uno pensaba, ¿cómo contarle todo eso a la chavalada que comienza a crecer del porqué gritar y proponernos ¡No más somocismo!? ¿Cómo hacerlo creíble si eso solo era posible sufriéndolo en carne propia? Ahora que una sociedad renovada y galvanizada por una transfusión de patriotismo, está siendo testigo de todo lo que está ocurriendo frente a nuestras narices.

¡No más somocismo!, es mayúscula entre la desesperación que aguijonea a los de arriba y a los de abajo, como se captó al observar los rostros y gestos la noche del sábado.

¿Quién nos iba a decir que después de ser derribado por un pueblo en armas, título que usó para su libro el comandante Carlos Núñez, el somocismo volvería a enviar señales de vida a un pueblo desarmado, con una determinación a prueba de balas y un espíritu de sacrificio inconmensurable por cambiar un sistema tan parecido? No hay duda, sorpresas tiene la vida, algunas exageradamente amargas.