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Ariana Guadalupe Rivera Orozco no es muy diferente a las jóvenes de su edad, de complexión menuda y de finos rasgos faciales, en los que todavía se dibuja la infancia reciente, lleva una vida normal en su natal Rivas, en la que sus estudios de secundaria marcan su prioridad.

Pero si hay algo que hace diferente y especial a Ariana, es su notable talento para saltar las vallas. Ese talento la llevará a vivir una experiencia única, al representar al atletismo pinolero en los venideros Juegos Olímpicos de la Juventud programados en Buenos Aires, Argentina, del 6 al 18 de octubre.

“La verdad me dio mucha emoción cuando me dijeron que iba a ir a los olimpiadas, no me lo esperaba. Esta oportunidad me motiva bastante”, afirmó Ariana.

Para la cita en los Juegos Olímpicos de la Juventud, Ariana lleva como meta principal buscar la marca nacional Juvenil B de los 400 metros con vallas de 1:05.99, que tiene en su poder Sarahí Álvarez. La atleta sureña ya le pisa los talones a ese registro, al tener 1:06.32 como su mejor tiempo. “Cuando compita en Argentina sé que voy a tener que esforzarme más, la competencia no será fácil porque voy a estar contra atletas de mucho más nivel. Debo estar enfocada en la misión que llevo”, comentó la atleta. 

Este año Ariana tiene entre sus conquistas más recientes medalla de bronce en el Campeonato Centroamericano de Atletismo, categoría mayor, que se realizó en julio en Guatemala, en el que consiguió 1:06.46, y oro en los Juegos Deportivos Escolares Centroamericanos de Codicader, nivel secundaria, realizados a mediados de este mes en Panamá, donde registró 1:07.20.

Esas primeras caídas

Aunque todavía Ariana tiene mucho camino por recorrer en el atletismo, las duras caídas de sus inicios y los sacrificios hechos en los entrenamientos, no parecen la gran cosa con cada medalla conquistada.

“Tengo tres años de estar practicando atletismo. Mi entrenador Roberto Delgadillo fue quien vio que yo tenía talento para las vallas. Esa prueba desde un principio me gustó, a pesar de las caídas que uno se da”, comenta Ariana.

“Comenzando en esta prueba es cuando uno se cae más seguido. De mi primera caída solo recuerdo que se me nubló la vista y que cuando vi ya estaba en el suelo, a uno le da miedo, pero hay que sobreponerse a eso si uno quiere triunfar”, agrega.

En la pista, la Ariana angelical cambia por completo, verla correr es un deleite para la vista, gracias a la facilidad con que salta las vallas como si flotara en el viento.

“Antes de correr, lo único que tengo en mi mente es que ya quiero llegar a la meta, pero cuando paso la primera valla, ese momento lo cambia todo. Pasa tan de prisa y despierta en mí el deseo de ir más rápido”, afirma la atleta, quien además tiene en su poder la marca nacional Juvenil C de los 300, con vallas de 46.03.