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¿Son ustedes oyentes de Doble Play? Es posible, por lo cual les hago una advertencia. Del reciente sábado al amanecer de hoy lunes, Doble Play ya no estará donde estuvo, porque ha saltado en el dial al estilo Bob Beamon, realizando un doble aterrizaje con algunos agregados atractivos: pueden buscar y sintonizar el programa en Radio Católica 720 AM y Radio Universidad 102.3 y 99.5; es decir, tres frecuencias al mismo tiempo, con presencia en el Canal 51 al mediodía y transmisión tanto en Facebook y digital.

Así que, con una propuesta sin precedentes en la radiodifusión casera, se inicia una nueva etapa de Doble Play, programa que desde hace cinco meses, comprometido con la lucha en busca de un mejor país, abre cada mañana con un señalamiento sobre el drama sin fin en que se encuentra sumergido el país, golpeado por un sistema dañino. Ese paquete de posibilidades, le facilitará a ustedes escuchar Doble Play de 6:00 a.m. a 7:00 a.m. y de 1:00 a 2:00 p.m. un nuevo horario. Apúntenlo.

Un giro imprevisto

¿Cómo fue posible entrar a las programaciones de Radio Católica y Radio Universidad? Ocurrió lo insospechado: gente de la iglesia interesada en abrirle puertas a Doble Play. Sorprendente, y me agradó mucho. No he sido un religioso, lo saben los oyentes que han sido fieles a lo largo de los casi 38 años de permanencia —un récord no perseguido—, y los recientes, pero la vida ofrece giros imprevistos.

Fue una ocurrencia de monseñor Rolando Álvarez, uno de los responsables de ese elevado porcentaje de confianza en la iglesia que muestran las encuestas como algo obvio. Sobre lo religioso, hace un par de meses, en una visita que hice a monseñor Silvio Báez, un amigo de largo rato, recibí unas frases alentadoras: “Lo que importa Edgar son las actitudes, el comportamiento, el compromiso con la honestidad, el ser una buena persona, que puedas mirarte en el espejo sin tener que avergonzarte de algo”.

Rendir al máximo

El combativo padre José Idiáquez, rector de la UCA, ha sido un firme creyente en este prójimo, y con la confianza que me ha proporcionado un hombre duro y decidido como monseñor Álvarez, más la amistad cultivada con monseñor Báez y el cardenal Brenes, que me ha abierto más de una vez las puertas de su sencilla casa cargada de tanta grandiosidad espiritual, me hacen sentirme en familia sin necesidad de usar sotana, igual que René Pineda y Miguel Mendoza, estupendos compañeros y grandes soportes, con el agregado del joven Germán García y Camilo Velásquez.

Naturalmente, vamos a rendir al máximo, como siempre lo hemos hecho en todos lados, y seguiremos haciéndolo, luchando con nuestro minúsculo aporte por un necesario cambio de sistema, como lo hubieran deseado todos los que quieren Nicaragua desde Andrés Castro y el general Estrada, hasta Sandino y Carlos Fonseca, y sobre todo, esta chavalada universitaria que provocó un despertar tan ruidoso, imposible de apagar y de evitar su crecimiento.