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¡Cómo impacta la contundencia del Barcelona! Es el noqueador implacable que golpea con arte, con fuerza y sin piedad. Ahí tenemos al Bilbao en la lona, de cara a las lámparas, con la mirada perdida y las piernas de trapo, preguntando qué fue lo que pasó.

El Barcelona conquistó la Copa del Rey imponiéndose 4-1 con goles de diferente “marca de fábrica” logrados por Turé Yayá, Messi, Bojan y Xavi, en respuesta al cabezazo madrugador de Toquero al minuto 9.

¡Qué diferencia tan clara entre uno y otro equipo! Peso pesado contra peso mosca. El Barcelona sin Henry, sin Iniesta, sin Rafa Márquez, siempre fino, desequilibrante y destructivo. ¡Qué fácil lo hace todo! Y es por eso que se le considera el mejor equipo del mundo.

La tropa de Guardiola tomó el gol de Torquedo sin alterar sus nervios, sin despeinarse, y se estableció con autoridad. El gol de Touré Yayá a los 32 minutos, un taponazo de derecha desde afuera, junto al poste izquierdo de Iraizoz, equilibró el marcador y dejó al Barcelona con todas las riendas del futuro inmediato en sus manos.

La jugada de Messi culminada con esa zurda prodigiosa, el remate de Bojan pegando en el poste y describiendo una caprichosa diagonal, y el tiro libre eriza-pelos de Xavi, sepultaron al Bilbao 4-1. La diferencia pudo ser mayor, pero como suele suceder, el equipo permanentemente agresivo, el que fabrica más posibilidades, también falla en varios intentos, y lo lamentamos por Eto’o que se quedó sin marcar.

El valiente Bilbao cayó intentando fajarse. Grave frente a un golpeador destructivo.