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Cuando Julio Sánchez lanza una mirada retrospectiva a su carrera en el beisbol nacional, se da cuenta con absoluta facilidad que ha tenido una trayectoria de éxitos; por lo que ahora, justo cuando se aproxima a cumplir 63 años de existencia, sumando desde 1974 más de cuatro décadas vinculado al beisbol, anda por la vida con la satisfacción reservada para quienes hicieron un gran trabajo como jugadores y brillaron como mánagers.

Obviamente, después de 44 años manteniéndose vigente en el deporte, le sobran historias que contar, siendo una de ellas la de aquel jonrón contra República Dominicana en los Juegos Panamericanos de 1983, un batazo memorable que le dio a Nicaragua medalla de plata y la clasificación a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984.

“Recuerdo muy bien que en los juego anteriores a ese enfrentamiento con República Dominicana yo había bateado muy bien y por lo tanto consideraba que debía aparecer de titular. Sin embargo, cuando leyeron el line-up y mi nombre no apareció, me molesté  y a manera de protesta me salí del dogout y le dije a Danilo Sotelo que nos fuéramos hacia donde estaban los pícheres, porque al final este señor (Noel Areas) no nos iba poner a jugar”, recuerda Julio, y confiesa que “nunca le dije a don Noel Areas lo que te voy a decir, pero me molesté mucho ese día, pues estaba seguro de que merecía estar en la alineación”. 

De la banca a la gloria

“El asunto es que el juego comenzó y llegamos al octavo episodio perdiendo por una carrera. Entonces le dije a Danilo: acerquémonos, tal vez nos mete a alguno de los dos. Danilo me contestó que fuera solo yo y así lo hice. Agarré un bate y me puse a hacer swing cerca del dogout. En ese momento Arnoldo Muñoz conectó un triple y venía a batear Álvaro Muñoz, pero don Noel miró que yo estaba con la voluntad y me dio la oportunidad de batear por Álvaro. Recuerdo que estaba tirando un pícher de apellido Benavidez y empecé conectarle de foul constantemente, hasta que logré pegarle un hit al centerfielder. Sin embargo, el árbitro que estaba en el jardín izquierdo pidió tiempo, alegando que había otra pelota en el terreno de juego, que al parecer había sido lanzada por el coach de picheo de República Dominicana. Se armó un alboroto entre reclamos de un lado y del otro y al final decidieron que tenía que volver a batear. Cuando venía de regreso de la primera almohadilla hacia el home, pensé de forma conformista y me dije que ya había hecho mi trabajo. No obstante, cuando todo se arregló, los dominicanos metieron a otro lanzador de apellido Marte y a los tres primeros lanzamientos que me hizo le conecté de foul. Luego realizó un tiro descontrolado y Arnoldo anotó la carrera del empate. Ya con el duelo emparejado, me percato que el conteo está en contra mía. Entonces, como lo hacía siempre cuando estaba montado en dos strikes, agarré más corto el bate con el ánimo de solo hacer contacto con la pelota. Fue así que conseguí una batazo que jamás pensé se convertiría en un jonrón, pero aquello fue como un milagro, la bola pasó rosando la barda del jardín central de una forma tal que dio la impresión de haber sido puesta por la mano de Dios. Corrí las bases todavía incrédulo y sin conocimiento de la trascendencia de ese cuadrangular. Luego me percaté de que haber ganado ese partido nos daba el cupo a los Juegos Olímpicos del 84 en Los Ángeles y nos permitía ganar plata”, cuenta Sánchez, con un tono muy emotivo, como si recién acabara de pegar el histórico jonrón. Asegura Julio que “ese fue un momento muy impactante en mi carrera y uno que me llevó a ser muy conocido entre la gente. Es la fecha, 35 años después, y en los campos de beisbol o por muchos lugares a los que voy, la gente me recuerda ese jonrón. Incluso, muchos que para ese entonces estaban en la montaña en medio de la guerra, me ven ahora y me dicen que estaban escuchando el juego y que recuerdan ese histórico batazo”.

Mejores momentos

Pedirle a Julio Sánchez una lista de los mejores momentos que le ha dejado su carrera de más de cuatro décadas en el beisbol nacional, no resulta una tarea difícil para él. Tras la pregunta viene la respuesta. “Lo mejor que me ha pasado fue haber dirigido a la selección en la inauguración del Estadio Nacional Dennis Martínez en la serie contra Taiwán.

Luego está el jonrón contra Dominicana, los dos cuadrangulares en un mismo episodio ante Canadá en la Copa Intercontinental de Bélgica en 1983, mi debut con la selección en 1977 en la Super Copa que se hizo aquí en Nicaragua, torneo en el que mi primer turno fue un jonrón contra Japón; haber ganado cinco títulos con el Bóer, ganar medallas con la selección nacional en los cuatro torneos internacionales en los que estuve como mánager en 1995, y haber llegado a los mil imparables en mi carrera”, enumera Sánchez, agregando que tras todo esto y más, “aún pienso que puedo darle unos cinco años al beisbol, no solo como mánager, sino también como técnico, entrenador o 
scout”.