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El ¿qué hacer para poder marcar un gol? se ha convertido en una pesadilla para los atacantes de este oscurecido Real Madrid. Quizás un póster de Cristiano Ronaldo podría serle útil como estimulante a este equipo tan vacío de ideas y de escasas llegadas claras, como carente de goles.

Dicen que hay que remontarse hasta 1985, año en que nació Cristiano, para encontrarse con un amordazamiento de este tipo en el Real Madrid, que extendió a 387 minutos el tiempo sin marcar, siendo víctima de un gol contrarreloj del Alavés marcado con un cabezazo de Manu García con el silbato final comenzando a sonar.

Antes, en el minuto 77, obviando el amplio setenta por ciento de posesión de balón que ejerció el Real Madrid, el sorprendente Alavés ejecutando un contragolpe desequilibrante, estuvo a punto de quebrar el 0-0: en un rapto de inspiración, el ágil Calleri le hizo un trazado magistral a Jony, permitiéndole proyectarse velozmente por la izquierda y adelantarse con su remate al cierre de Varane. ¡Uhh! la pelota, salió arañando el poste izquierdo de Curtois. 

Final con muerte súbita

Después de ese susto mayúsculo, el Madrid continuó su dominio inútil sin disparar, y en otra contraofensiva del Alavés, cedió un córner con un minuto pendiente. El saque de esquina describió una parábola caprichosa en busca del segundo poste y fue cabeceado por Brassanac, pero Courtois exhibiendo sus reflejos, logró manotear. La pelota continuó arriba en dirección hacia el otro poste y Ramos llegó tarde.

El cabezazo de Manu García fue mortal para el Madrid. El 0-1 quedó sellado en un final con muerte súbita. Para el Madrid, segunda derrota y dos empates en los primeros ocho juegos. Ahora el Alavés — ¿quién iba a pensarlo?— registra 14 puntos en un abrazo con el equipo de la realeza y el Barsa que juega hoy.

Preocupa ver al Madrid registrando otro incierto inicio de Liga, extendido también a la Champions por la derrota frente al CSKA ruso también por 1-0 el 2 de octubre, aunque en ese juego, el Madrid realizó 21 remates, tres contra los palos, y ayer fue reducido a nueve, creando el mayor peligro en los primeros 10 minutos antes de irse esfumando poco a poco.

Un equipo apagado

La impresión que sin Cristiano no hay goles, se ha profundizado tanto que Lopetegui, ahora bajo sospecha como el técnico apropiado para manejar este Madrid tan necesitado de vencer y convencer, debe sentirse deambulando en las catacumbas.

Ni Benzema ni Bale consiguieron la notoriedad requerida al ser limitados en su accionar y el esfuerzo de Mariano, tampoco logró ser lo necesariamente incidente. Los ingresos de Asensio y Vinicius no produjeron variantes y los trazados de Kroos terminaban siendo improductivos.

Si agregamos las inesperadas limitaciones de Modric en sus intentos de asegurar progresiones, el excesivo manejo de balón, se desvanecía en la nada al no funcionar el tocar y tocar en la fabricación de espacios y meter pelotas entre líneas. Muy disciplinado atrás, el Alavés evitó eso.

Se sabía que Cristiano no tenía repuesto ni aproximación, pero el arranque del Real Madrid en la Liga fue alentador. Hoy, entre la crisis por la falta de gol, pocos se acuerdan de eso. El Madrid necesita galvanizarse, pero ¿cómo hacerlo sin Cristiano que ayer realizó siete disparos con el Juventus en la victoria por 2-0 contra el Udinese marcando un gol de gran brillantez? Lopetegui se siente en un laberinto.