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Detrás de una eliminación, sobre todo, cuando quedas a un batazo oportuno de haberla evitado prolongando el suspenso, saltan a la vista múltiples cuestionamientos. ¿Por qué faltó astucia en determinados momentos? ¿Cuántos movimientos fueron erráticos y cuántos apropiados? ¿Qué peloteros yanquis envueltos en grandes expectativas se hundieron?... ¡Ah, si Stanton hubiera respondido explosivamente como el Reggie Jackson de la Serie Mundial de 1977! Si Luis Severino hubiera sido una fotocopia derecha de aquel Eddie Ford, si la iluminación frente a las intuiciones no le hubiera fallado el mánager Aaron Boone, si el bullpen yanqui hubiera sido tan decisivo como se creyó. Entre tantos “si hubiera”, los Yanquis no estarían ahora ocultos entre sus escombros, mirando como los Medias Rojas, sus feroces rivales, festejan su proyección a la serie por el banderín de la Liga Americana retando a los formidables Astros de Houston.

Grandes hundimienos

¿Stanton, avergonzado y limitado a cuatro hits sin trascendencia en 18 turnos con seis ponches y cero empujadas? En su primera serie postemporada con los Yanquis, antes de ser destructivo en la Serie Mundial de 1977, Reggie fue reducido a dos hits en 18 turnos por el picheo de Kansas, para 125 puntos. ¿Y qué decir del estupendo Mookie Betts, sin jonrones ni empujadas y con promedio de 242 puntos en nueve juegos de playoff durante tres años? Ese Stanton que fue líder jonronero, impulsador y en sluggin de los Yanquis, no fue visto en esta serie con Boston. Ahí está Barry Bonds, quien se inició en postemporada con 167 y 148 puntos y solo conectó un jonrón a lo largo de 27 juegos en sus cinco primeras series entre 1990 y el 2000;  y el grandioso Ted Williams, sumergido en 200 puntos, sin extrabases y apenas una empujada en siete juegos frente a los Cardenales en lo que fue su única Serie Mundial en 1946. Hay más casos comparativos en naufragios, aunque no sacan a Stanton del círculo de culpables.

Todo salió mal

Aunque J. A Happ llegó a los Yanquis para proporcionar siete triunfos sin perder, la figura cumbre del picheo, por encima del japonés Masahiro Tanaka, fue Severino, ganador de 19 juegos, quien pese a su bajón de voltaje, siguió siendo el brazo más confiable. Casi se saca solo después de ser agredido en el tercer juego, y el promocionado bullpen yanqui, no fue bien utilizado por Boone, quien toleró mucho a Severino y Sabathia, con tantos brazos disponibles. Solo dos veces el trabajo se extendió hasta llegar a Chapman. En los dos últimos juegos, los Yanquis conectaron cinco hits en cada uno, sin jonrones. El equipo del récord de 267 jonrones, desapareció súbitamente, y una de las aproximaciones fue el batazo de Sánchez que hubiera ganado el juego en el noveno. Cuando todo va a salir mal, no hay forma de evitarlo, dice Murphy.  El inicialista de Boston Steve Pearce, que consiguió más méritos de salvamento que Craig Kimbrel, al sacar un último out dificilísimo en estirada asombrosa, terminó de demostrar que los c
ulpables de la eliminación yanqui, fueron los Medias Rojas mostrando su superioridad.