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Visto de frente o de perfil, jugando atrás o llegando adelante, al revés y al derecho, de día o de noche, en colores o en blanco y negro, Steven Gerrard, el centrocampista de esa fábrica de valientes que es el Liverpool inglés, es un jugadorazo, sin la menor duda. Cualquier fotografía de él en acción es buena para un póster. Ha conseguido esa mezcla de frialdad y fiereza, de oficio y destreza, derrochando sudor y talento, y sobre todo, mostrando ese fulgor extra que caracteriza a los fuera de serie.

Considerado un obelisco en Ainfield, Gerrard es lo suficientemente humilde para trabajar horas extras en busca de ser mejor, consciente de que la insatisfacción con uno mismo es el mayor estímulo para superarte. Algo de eso le explicaba hace un par de años a John Carlin en una extensa entrevista que lo graficaba de cuerpo entero, y cobijado precisamente por esa humildad, es que se mostró sorprendido por haber sido seleccionado como el jugador cumbre de La Premier, calificada como la liga más espectacular del planeta fútbol.

Cuando atraviesa por sus momentos de mayor lucidez en el terreno, como César en las Galias, Gerrard da la impresión --sin aterrizar en el paraíso de las hipérboles--, de juntar la sutileza demoledora de Gerson, con la fuerza avasalladora de Rivelino y el sentido tridimensional que siempre caracterizó a Beckembauer.

Entonces salta al tapete la pregunta: ¿Es Gerrard el jugador más completo que podemos imaginar en el fútbol actual? Un grueso número de expertos, entre los que destacan Brian Glanville, de World Soccer, y George Vecsey, del New York Times, responden que sí, y desde la llanura, instalados en las butacas de los profanos, estamos de acuerdo.

Lo vimos en aquella dramática final de la Champions en 2005 en Estambul, con el Liverpool perdiendo 3-0 frente al inspirado Milan. Hizo de todo empujando a su equipo hacia la proeza de ese empate 3-3, que forzó la definición por tiros de penal, desembocando en el triunfo increíble de los rojos, y dejando a medio mundo con la boca abierta. Gerrard fue seleccionado el jugador Más Valioso de esa Champions, por haber sido el gran factor del Liverpool y el motor de esa resurrección.

Gerrard cumple 29 años el 30 de mayo. Es el atleta en plenitud que Liverpool espera retener contra viento y marea, por su enorme significado. Tiene un ego desarrollado aunque lo niegue, porque como dice Norman Mailer, ¿cómo puedes moverte hacia adelante entre tanta competitividad sin un ego bien cultivado? Ciertamente, eso garantiza el interés por tu crecimiento batallando por seguir siendo el mejor, derribando murallas.

Mientras se discute sobre Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, la presencia de Steven Gerrard, el todo-terreno, capaz de incidir de diferentes maneras, de cargar con el peso de un equipo sobre sus espaldas, es inmensa en cualquier rectángulo.

Su escogencia como mejor de la Premier es inobjetable, incluso si se sometiera a discusión en el Parlamento inglés.