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Piedras falsas

En esta larga, interminable y al mismo tiempo inútil cabalgata de mentiras que el sector gubernamental ha estado confeccionado con una desesperación imposible de ocultar, consecuencia de la presión que siente encima, tanto desde adentro como desde afuera de Nicaragua, comete otro error: tirar piedras falsas contra monseñor Silvio Báez, acusándolo de ser uno de los actores que han provocado la crisis en que se encuentra sumergido éste desventurado país, lo cual es consecuencia de la imposición de una nueva dictadura. Sin pretenderlo, monseñor Báez se fue convirtiendo en una de las figuras cumbres de la movilización de conciencias, facilitada por el arrojo de esa juventud universitaria, que ha decidido pelear por su futuro, transformando el presente.

Esas huellas

Con sus actitudes y sus palabras, monseñor Báez, solo un seguidor de las huellas que dejó trazadas Jesucristo, es ahora una bandera. Ser limpio, coherente y consistente, haciendo valer sus antecedentes como soldado del Señor y estar dispuesto a cualquier sacrificio, le proporcionan a monseñor Silvio José Báez una inmunidad capaz de resistir las embestidas de las mentiras. Cuando alguien se siente descubierto en sus distorsiones, sobre todo las macabras, completamente desarmado al carecer de argumentos, refugiado exclusivamente en su única capacidad de mando que es la agresión, recurre a la mentira como arma, buscando como deteriorar la reputación de quienes le adversan y entre muchos, monseñor Báez se eleva tanto como la Torre Eiffel en París.

Misión ineludible

En un país con su sociedad carcomida por la descomposición, facilitando el establecimiento de un sistema caracterizado por los abusos de poder, la impunidad por decreto es utilizada por oportunistas antipatria, sentados en las butacas de la comodidad, que les permite cometer todo tipo de tropelías indiscriminadamente, incluyendo tratar de golpear el prestigio tan bien cultivado de un sacerdote concentrado en la misión de ayudarle al pueblo, en la búsqueda de la paz si al fin se logra aplicar justicia a los culpables, colocando la verdad sobre el tapete. Una misión que involucra a todos los miembros de la Conferencia Episcopal, encabezada por el cardenal Brenes, con una disposición de seguir siendo guías de las esperanzas de todos los nicaragüenses.

No está solo

¿Cuál es el miedo a la fuerza del verbo cuando lo esgrime la Iglesia? No se olvida en las esferas del poder cómo el cardenal Obando inclinó la balanza de una elección hablando desde el púlpito. Hoy, son muchos los sacerdotes que siguiendo las huellas de Jesucristo, no van a retroceder con el compromiso adquirido con los dramáticamente oprimidos y brutalmente reprimidos. Monseñor Báez no está solo. Como Sandino, otros lo seguirán, y son más de 30 con él. Eso lo fortalece mientras piensa con una mayúscula preocupación patriótica, que en esta batalla entre fuerzas desproporcionadas, con una poderosa resistencia cívica retando la represión inhumana ¿de qué lado estaría Jesucristo con su bondad infinita y sed de justicia si se encontrara entre nosotros? La respuesta es obvia.