Edgard Tijerino
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En ese octavo asalto, Prewet Singwancha parecía un hombre destruido por fuera y por dentro. Fue impresionante verlo soportar castigo. ¡Qué favor le hubiera hecho José Alfaro con un poco de precisión, simplificando la tortura!
Singwancha se dobló varias veces, pero fue “inquebrable”. Demostró ser capaz de cabecear granadas y permanecer en pie. Por un momento, pareció un suicida inmolándose frente a un árbitro desorientado.

Me hizo recordar a otro tailandés, Chartchai Chionoi, sobreviviendo a la serie de descargas que le aplicó el violento mejicano Efrén “Alacrán” Torres en 1969, antes que un referee piadoso decidiera suspender el combate.

Eso estuvo a punto de ocurrir anoche en Bielefield, Alemania, con Singwancha azotado como palmera en una tempestad, pero el tailandés se salió del hoyo con el corazón en la garganta.

Considero que la caída del primer round fue clave. A partir de ese impacto, Singwancha decidió no exponerse mucho en la media distancia, pero no encontraba cómo arrimarse al nicaragüense sin atravesar por un campo minado.

Se apoyó en la falta de dominio de Alfaro con sus golpes rectos para utilizar trozos de audacia y meterse esquivando, sólo para salir apuradamente. El nica, más fuerte, estaba en capacidad de romper cualquier tipo de amarre y empujarlo para tenerlo a distancia.

Sin esa mayúscula preocupación, Singwancha habría adquirido un mayor nivel de peligro, aprovechando abrir sus contraofensivas con los golpes de derecha, continuando con esa izquierda punzante mostrada sólo fugazmente.

Púgil con más recursos pero con menos fortaleza, Singwancha no pudo jugar a las escondidas porque los disparos de Alfaro, despreocupado de su pequeño porcentaje de efectividad, siempre estaban volando hacia él.

En ese octavo round, Alfaro seguramente pensó que podía ir tan lejos en ese espacio desolado y oscuro donde el corazón de Singwancha latía agitadamente, que podía ver su cabeza aparentemente colgando en una plaza pública, que podía creer que lo tenía liquidado, pero no fue así, el terco tailandés estaba en pie y respondiendo cuando sonó la campana.

No fue un momento como el que vivió Alí en Manila, cuando dijo: “Fue como la muerte. O por lo menos, sentís que estás cerca de morir”, pero si resultó lo más estrujante y dramático de la pelea.

El único plan de Alfaro era atacar tal como lo había adelantado. Y es que su línea de boxeo no tiene espacio para aplicar variantes. No todavía. Sin embargo eso era lo que necesitaba para mantenerse en ventaja, sicológica y real, graficada por los puntos en dos de las tres tarjetas.

No fue necesario quebrarle la jícara a Singwancha para vencerlo.