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Para mí, escuchar de un duelo Boca-River y en final de Copa Libertadores es como retornar al ámbito de otra época que consideré se había ido para nunca más volver. Y lo más extraño es no estar familiarizado con las alineaciones que saltarán hoy a la cancha de “La bombonera”, una auténtica caldera del diablo, como puede certificarlo todo aquel que alguna vez haya estado en ese sitio, en el cual las tribunas, cargadas de prójimos vociferantes, muchos sin sus camisas, parecen estar a punto de derrumbarse, mientras las columnas de humo se levantan en el terreno. Es el partido del masticar de uñas y fruncir ceños, que todos quieren presenciar. Boca-River por fin en una final de Copa. El estallido se escucha más allá de las pampas y despierta recuerdos esa vieja rivalidad.

En los años 60 y el inicio de los 70, cuando aquí circulaban las revistas “El Gráfico” de Argentina, “Gol y Gol” de Chile y “Deporte Ilustrado” de México, permanecimos en contacto con el futbol suramericano, sobre todo el argentino que, como el brasileño, no exportaba a sus estrellas. Las batallas Real Madrid-Barcelona, casi sin ruido por estos lados, no competían con lo que eran los choques Boca-River. Desde los tiempos del arquero Carrizo, pasando por los Onega, Rojitas, Mas, Gatti, hasta llegar a Francescoli, seguí las huellas de River, el equipo de los millonarios, en tanto las que trazaba Boca, el equipo del pueblo, el de la mitad más uno, eran las que trazaban Antonio Roma, Marzolini, Rattin, Madurga, y tantos otros, con extensión a Maradona por poco tiempo y el fiero Tévez.

Aquella “máquina”

Todavía en 1977, cuando Boca ganó por primera vez la Libertadores derrotando al Cruzeiro de Brasil en definición vía penales, cuando tenía a Gatti, Mouzo, Tarantini, Benítez y Sanabria, estaba pendiente del futbol argentino, aunque no tanto como antes de ingresar a la crónica deportiva, cuando en las aulas de la Escuela de Ingeniería, leía sobre “La Máquina” de River en los años 40, con el ataque de Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau, todos en el Museo de la Grandeza del futbol gaucho…Hoy, Boca y River son dos equipos desconocidos para mi. Vivimos una época diferente en que los mejores jugadores de Argentina, son atrapados por los poderosos equipos europeos, recortando drásticamente el nivel de competencia que antes se tenía. 

Leo que Boca puede ganar el primero de los dos duelos, por el poder de su línea de fuego, y que la gran opción de River es su mejor juego. Se espera un futbol abierto, lo necesariamente atrevido por parte de Boca jugando como local, y algo especulativo, pero no tanto, de River. Uno se imagina la locura de las teorizaciones mientras suena el silbato. “Pienso que el país no está preparado para esto”, dijo entre el desborde el Presidente Macri, quién fue largo tiempo la cabeza más visible en la directiva de Boca…con Armani en la cabaña, más Enzo Pérez, Maidana y Palacios, River espera salir con vida de la infernal Bombonera, para recibir en el Monumental a este Boca de Rossi en el arco, Villa, Pavón y quizás Darío Benedetto a quien vimos aquí con el América.