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El día que iban a firmar el contrato que los vincularía con una organización de Grandes Ligas, los prospectos nicaragüenses Rodolfo Bone, Milkar Pérez y Tristan Hansack, sabían que una vez concretado el acuerdo, sus vidas darían un giro de aproximadamente 180 grados.

Eran conscientes de que recibirían un bono monetario, les llegaría la popularidad y darían un paso trascendental en búsqueda de avanzar a la MLB; sin embargo, muy dentro de ellos también estaban claros de que todo lo anterior traería consigo el fuerte impacto de alejarse de la familia, y la presión de meterse a un mundo en el que la competencia es el pan de todos los días.

“Lograr que una organización lo firme es lo mejor que le puede pasar a un joven que sueña con llegar a Grandes Ligas. Uno siente en ese momento que está dando un paso gigantesco en la construcción de su gran sueño. Sin embargo, cuando llega el momento de viajar a República Dominicana aparecen los primeros obstáculos, y es precisamente en las semanas iniciales en las que más se sufre el hecho de estar lejos de los seres queridos”, dice Rodolfo Bone, el otrora cácher del San Fernando en el Campeonato Germán Pomares, que fue firmado el 2 de julio del año pasado por los Gigantes de San Francisco.

Sobre el mismo aspecto, el talentoso antesalista leonés Milkar Pérez, quien estampó su firma este año con los Marineros de Seattle, cuenta que “cuando uno pacta con un equipo de la MLB está consciente de todo lo que viene. Obviamente disfruta el momento de convertirse en pelotero profesional, pero, por otro lado sufre el distanciamiento de la familia, y la presión de tener que hacer un esfuerzo mayúsculo para mantener vigente el sueño que apenas comienza a materializarse. Es bonito firmar un contrato con una organización de Grandes Ligas, pero también es difícil por todos los sacrificios que uno debe hacer para adaptarse a ese nuevo mundo”.

Lo dicho por Bone y Milkar no se diferencia en nada del comentario de Tristan Hansack, el jardinero central de 18 años que en el 2017 se unió a las filas de los Nacionales de Washington.

“Firmar produce una satisfacción gigantesca, pero como todo en la vida no es fácil, pues uno tiene que alejarse de lo que más quiere y de aquellos con lo que más apego ha cultivado, como la familia y los amigos. Esa es una tarea difícil con la que tenemos que lidiar”, expresa el hijo del ex lanzador de Grandes Ligas, Devern Hansack.

Lo más difícil

Una vez que los peloteros firman, lo que viene es el viaje a República Dominicana, a la academia de su organización, para iniciar una exigente preparación y demostrar que pueden dar el salto a los Estados Unidos. Estando en territorio dominicano, los retos y las dificultades son muchas.

Milkar Pérez es un prospecto con muy buenas valoraciones de su talento.

“Al menos para mí, lo más difícil de este proceso es el nivel de competencia en el que uno se desarrolla. Somos tantos jóvenes compartiendo la misma ilusión, todos conscientes de que muchos han sido los firmados, pero serán pocos los que lleguen hasta las Grandes Ligas. No es una tarea fácil levantarse todos los días y recordar que hay muchos más esforzándose para ser mejores que yo, aunque eso también sirve de motivación. Pero hay factores contextuales que a uno lo presionan mucho; por ejemplo, el extranjero debe esforzarse al máximo y procurar un rendimiento dos veces mayor que el de los dominicanos, porque si uno hace lo mismo, difícilmente será ascendido por encima de ellos”, dice Milkar, el tercera base indiscutible de la selección nacional Sub-18 que está jugando el campeonato Panamericano en Chitré, Panamá.

“El distanciamiento con la familia y con todo el entorno al que uno está acostumbrado es lo más duro, porque eso te afecta emocionalmente, sobre todo al principio de este desafío”, reflexiona Bone, quien en su primer año en la Liga de Verano de Dominicana, consiguió un promedio ofensivo de 317 puntos por 20 imparables en 63 turnos al bate.

“Yo creo que otro aspecto complicado es el de hacer amistades. En algunos casos es difícil establecer una sociedad con otros jugadores, sobre todo porque estamos conscientes de que vivimos en medio de una competencia, pero con el pasar de los días y el constante trabajo en conjunto se van forjando nuevas amistades, que en ciertos casos llegan a ser para toda la vida”, comenta Hansack, quien promedió .211 en su primera campaña con los Nacionales en Dominicana.

Lo que más extrañan

“Sinceramente lo que uno más extraña es la comida”, señala entre risas Rodolfo Bone, aunque inmediatamente retoma el tono reflexivo de la conversación y expresa que “sin embargo, lo que uno menos puede sacarse de la cabeza es la familia, porque aunque puedo comunicarme con ellos todos los días por celular, el asunto no es igual, siento que hace falta el contacto físico. Eso nada puede reemplazarlo”.

Rodolfo Bone está dándolo todo por llegar a Grandes Ligas.

“El comienzo de todo proyecto es difícil, y este de dar los primeros pasos en el beisbol profesional no es la excepción. Cuando se hace el viaje a República Dominicana, al menos, ese es mi caso, lo que el pelotero más extraña de su país es la comida. A veces no quiero comerme el alimento que me sirven, porque no tiene nada que ver con lo que ya estoy acostumbrado, pero estando ahí no me queda otra opción más que comérmelo. Claro, también pasa lo mismo con las costumbres y tantos otros aspectos”, apunta Milkar.

Así se fortalecen

A pesar de todo, estos jóvenes atletas no pretenden renunciar al sueño de llegar a Grandes Ligas, es más, se han propuesto dar el salto a los Estados Unidos lo más pronto posible. Para ello, cada vez que resienten el estar lejos de su familia e inmersos en un contexto de tanta competencia, se animan a sí mismos, diciéndose que la paga por tanto sacrificio será muy grande.

“Sabía que esto no sería fácil y que habrían momentos de soledad y mucha presión, pero me motiva saber que todo es parte del precio que debo pagar para hacer lo que me gusta y alcanzar mi sueño, mismo que en su momento también será una bendición para mis padres”, manifiesta Bone.

“Es duro todo lo que se atraviesa durante los primeros pasos como prospecto de una organización de Grandes Ligas, pero el asunto es que tengo que superar todos esos obstáculos, y para conseguirlo siempre pienso que todo gran sacrificio tiene su gran recompensa”, señala Hansack, quien se ha propuesto ser mejor que su padre Devern, quien lanzó para los Medias Rojas de Boston.