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En los altoparlantes del Estadio Rico Cedeño, el anunciador oficial, con su voz ronca, presenta al siguiente jugador nicaragüense que tendrá la oportunidad de retar al picheo panameño. “Batea el número dos: Anthonny Bassett, es el shortstop y noveno bate de Nicaragua”.

Al instante, de las principales butacas del coloso de concreto se levantan uno, dos, tres y hasta siete scouts de organizaciones de Grandes Ligas, listos con sus cámaras y cronómetros para grabar el turno al bate y medir la velocidad sobre las bases del prospecto que ha dejado a todos absortos ante la sutileza de su actuación defensiva.

“Yo sé que los scouts me están grabando y por eso doy mi mayor esfuerzo cada vez que llego al cajón de bateo”, cuenta Bassett, nacido el 16 de julio del 2002. El novel parador en corto de la selección Sub-18 de Nicaragua, no siempre ha sido el prospecto bien valorado que es pretendido por uno u otro equipo, es más, reconoce que al principio “no era muy bueno”.

El prospecto nicaragüense está trabajando en ser un bateador de mejor promedio.

Eso sí, se propuso convertirse en el mejor y su determinación parece estar dando resultados, pues actualmente es el shortstop titular de una selección dos años por encima de su categoría, y varios evaluadores de talento le han hecho saber su interés de firmarlo para que se convierte en jugador profesional.

Así comenzó todo

Anthonny no tiene problemas con abrir el libro de su vida y darle una repasada a los capítulos en los que se grafican sus primeros pasos como beisbolista. “Vengo de una familia amante del beisbol, pero sin duda alguna mi mamá, Liseth Torrez, es la más enamorada de este deporte. Ella es la principal responsable de que el beisbol se haya convertido en mi gran pasión. Recuerdo muy bien cuando empezó a llevarme al campo de la 14 de Septiembre, yo tenía 5 años y desde entonces el beisbol se volvió parte de mi vida”, detalla el joven pelotero.

“No se me olvida que de niño entrenaba con Felipe Salinas, y como no tenía la edad para jugar, entonces me dejaba solo practicar. Sin embargo, para sorpresa de todos, al año siguiente hice mi debut en la categoría infantil y a los 7 años participé en mi primer torneo nacional. Jugaba con peloteros mayores que yo, pero me gustaba porque adquiría más experiencia. Es cierto que no me dejaban tener acción en muchos partidos, pero aprovechaba cada espacio que me daban”, narra Bassett, como quien le ha encontrado placer al hecho de recordar su pasado.

“Como no era muy bueno, me ponían en cualquier posición, principalmente como pícher y segunda base, esta última porque decían que era muy pequeño. Pero después algunos entrenadores me dieron espacio como shortstop y fue la posición en la que me sentí más cómodo”, recuerda el joven y habilidoso pelotero.

Salto a la notoriedad

Una vez que encontró la posición correcta, Anthonny Bassett dio el salto a la notoriedad, dejando de ser el jugador de reserva para convertirse en un constante seleccionado nacional. “A los 10 años fui convocado por primera vez a una selección y fue para un torneo en Guatemala, donde Jorge Luis Avellán fue mi entrenador. Luego viajé a Mazatlán con la selección sub-12 y ganamos medalla de oro, y posteriormente participé en torneos importantes con las selecciones Sub-14 y Sub-15.

Ahora que tengo 16 años me han dado la oportunidad de estar con este equipo Sub-18 y de ser titular. Todo esto lo he conseguido gracias a Dios que me dio las cualidades para jugar este deporte, y a mi esfuerzo para desarrollarlas”, reconoce Bassett, quien tiene como su jugador favorito al infielder puertorriqueño Javier Báez, jugador de los Cachorros de Chicago.

Convertido en un defensor seguro y un chocador de pelota, como lo define el mánager de la selección Sub-18, Jorge Luis Avellán, Anthonny ha llamado la atención de diversos scouts y esto lo tiene motivado con la posibilidad de ser firmado. “Estamos trabajando en conseguir una firma, y aunque no tenemos una oferta oficial, hay equipos como los Marineros de Seattle, los Vigilantes de Texas, los Yanquis de Nueva York, los Cerveceros de Milwaukee y los Gigantes de San Francisco, que han mostrado interés en mi forma de juego. Por eso estoy tratando de hacer un buen trabajo en este campeonato, con el deseo de causar una gran impresión. No estoy buscando un contrato de grandes cifras, lo que pretendo es una oportunidad. Sé que teniendo la chance voy a seguir trabajando tan fuerte como ahora, siempre tratando de llegar lejos”, manifiesta Bassett, el jugador favorito de su hermano José Adrián Bassett.

“Ese shortstop de Nicaragua es un jugador muy dinámico, con desplazamientos muy rápidos y un rango de cobertura bastante amplio”, me dijo uno de los scouts sobre Bassett, mientras otro evaluador de talento aseguraba que “es un chiquito que sabe jugar muy bien, tiene mucha energía y juega duro, es dueño de tremendos instintos para jugar a la pelota, aunque su tamaño le puede afectar a la hora de ser valorado”.

Duro desafío

Bassett sabe que el camino no es fácil y que todavía tiene aspectos que mejorar. “Siempre he sido un buen defensor, pero desde niño también he tenido problemas con el bateo. Por eso me he enfocado en mejorar esa área, y con Avellán he trabajado en aprender a batear hacia la banda contraria, descifrar correctamente los picheos rompientes y atacar los lanzamientos de velocidad”, expresa el infielder, recordando también que siempre ha sufrido el hecho de ser un pelotero al que todos ven como pequeño y con poca fuerza.

“Pero eso no me intimida, al contrario, me impulsa a seguir trabajando fuerte para demostrar que puedo llegar lejos”, afirma Anthonny, quien gusta de ver videos de las mejores jugadas de Grandes Ligas, pues “deseo aprender maniobras defensivas que luego pueda poner en práctica y así ofrecerle un buen espectáculo a la gente”.