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Las más de cuatro décadas que Jorge Luis Avellán ha vivido, bien podrían contarse en una y mil historias, desde la del niño que nunca jugó en una liga infantil de beisbol pero se convirtió en un seleccionado nacional de gran incidencia, hasta la del hombre que luego de una trayectoria exitosa como atleta ahora es el coordinador de las selecciones menores de todo el país, pasando por la del padre que sufrió la muerte de su único hijo de apenas cinco años y la del beisbolista que dijo no más al deporte de sus amores cuando sintió que la pasión se le había acabado.

La de Avellán es también la historia del pelotero que desafió a los médicos y jugó toda su carrera con una seria lesión en su rodilla izquierda, y la del joven que pese a tantas dificultades no desistió hasta verse convertido en un beisbolista de gran nivel.

Jorge Luis nació el 5 de marzo de 1972, en Potosí, Rivas, donde su padre, un beisbolista desde siempre, se encargó de convertirlo junto a sus tres hermanos en un absoluto apasionado por el deporte rey del país.

“Nunca tuve la oportunidad de jugar beisbol infantil, pero sí la dicha de que mi papá fuera un jugador. Él siempre nos dedicaba un tiempo específico para enseñarnos a jugar, recuerdo que en todo instante procuró que nos apasionáramos por este deporte. Fue bajo su influencia que mis hermanos y yo nos coordinábamos con los demás niños de la escuela, para que durante la tarde, una vez termináramos las tareas, nos fuéramos a jugar. Éramos chavalos de entre 10 y 11 años, para los cuales el beisbol lo era casi todo”, cuenta Avellán, como si estuviera viéndose en los campos de Potosí, dando sus primeros pasos como beisbolista junto a sus hermanos.

Avellán fue destacado como jugador de la selección nacional.

Hay una escena de su infancia que Avellán no olvida. “Cuando viajaba con mi padre de Potosí a Rivas, recuerdo que miraba a los demás niños bien elegantes con sus uniformes, listos para jugar con sus respectivos equipos en las ligas infantiles. Yo le decía a mi papá que deseaba tener la misma oportunidad que ellos, pero nunca se dio. El asunto es que las ligas eran en Rivas y yo no podía viajar solo desde mi pueblo, y mi papá, por su trabajo, no podía acompañarme. Entonces me resigné a jugar con los equipos que armaba junto a mis hermanos”, recuerda el expelotero.

Todo esto no impidió que Avellán siguiera soñando convertirse en un gran jugador y a los 14 años dio un paso importante en la construcción de su carrera, pues empezó a jugar en la liga Mayor A de Potosí, torneo en el que adquirió mucha experiencia porque se enfrentaba a jugadores mayores que él y a otros que jugaban en la Primera División.

El mensaje que lo cambió todo

Para 1991, Avellán era un joven estudiante de Ingeniería Industrial en el Recinto Universitario Pedro Arauz Palacios (Rupap), de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). No había olvidado el sueño de ser un beisbolista de altura, al contrario, seguía buscando una oportunidad. Fue así como se involucró con el equipo Los Búfalos, con quienes debutó en el beisbol nacional.

Pero no fue tan fácil, es más, al principio tampoco iba a recibir el chance de jugar con este equipo, hasta que apareció el mensaje que le dio esperanzas. “Mientras estudiaba en la capital, me fui a entrenar con Los Búfalos. Fueron tres meses de entrenamiento antes del campeonato y logré quedarme hasta la última semana, pero al final me dijeron que no había sido escogido para integrar el equipo definitivo.

Ese último día de prácticas salí del estadio rumbo a Rivas, pero antes de que abordara el taxi, me alcanzó el carga bates del equipo y me dijo: muchacho, dice don Sergio García (q.e.p.d) que vengás a practicar el lunes. Entonces yo le dije que para qué, si ya me habían descartado del equipo. Él me contestó: yo solo cumplo con avisarle. Nunca imaginé que ese mensaje tan simple, cambiaría la historia de mi vida.

Me fui a Rivas, jugué con la Mayor A y me fue bien ese fin de semana. Regresé a Managua el lunes para entrenar con el objetivo de seguir aprendiendo, pero conseguí más que eso. Recuerdo que esa semana hicimos varios partidos de fogueo, uno contra los Dantos, una doble jornada contra Granada, y también nos enfrentamos a Masaya. En los cinco partidos que jugamos conecté como ocho o nueve hits, por lo que decidieron dejarme en el equipo.

Así comencé con Los Búfalos. Ese año el club quedó eliminado en la primera ronda tras jugar aproximadamente 32 partidos, pero el San Fernando me tomó como refuerzo y ganamos el título.

No olvido que esa temporada fui el Novato del Año por haber construido un promedio ofensivo de 313 puntos y haber conectado 99 hits. Ese mismo año fui convocado a una selección juvenil que viajó a un campeonato Mundial en México, y al año siguiente me llamaron a la selección mayor, misma en la que estaban Julio Medina, el mejor segunda base y a quien yo admiraba, Ariel “Panal” Delgado, Bayardo Dávila, Henry Roa, Nemesio Porras, Próspero González, todos miembros de un infield de lujo. Cuando llegué al estadio al primer entrenamiento y los vi a todos reunidos, dije: aquí me voy a quedar”, narra Avellán, caracterizado desde siempre como un personaje disciplinado y apto para grandes retos.

Fue de esa forma como se puso en marcha la carrera de un pelotero que jugó en Copas Intercontinentales, participó en tres Campeonato Mundiales y fue parte de la selección que tuvo acción en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996.

Jorge Luis, se mantuvo activo durante 18 temporadas en las que jugó para Los Búfalos, el San Fernando, Granada, los Indios del Bóer, Ciudad Sandino y Matagalpa, forjó un average de 316 puntos, conectó 1,188 imparables, entre los cuales aparecen 198 dobles, siete triples y 97 jonrones, anotó 736 carreras y remolcó otras 577, a la vez que robaba 41 almohadillas, negociaba 453 bases por bolas y se ponchaba 253 veces, todo a lo largo de 995 partidos jugados.

El episodio más dramático

En el 2009, ante el asombro de todos, Avellán decide retirarse del beisbol. Nadie lo esperaba, pues todavía daba la impresión de tener los recursos necesarios para seguir jugando. Ahora él reconoce que bien pudo extender su presencia en los campeonatos nacionales por al menos cinco o seis temporadas más. “Mucha gente cree que me retiré por la lesión, pero no fue así.

Yo era de los peloteros que jugaba por pasión, y había dicho en cierta ocasión que el día que se acabara mi pasión por la pelota entonces dejaría de jugar. En ese 2009 falleció mi hijo y yo sentí que se me derrumbó el mundo, por lo cual dejé de jugar por algún tiempo. Luego mi familia y algunos amigos me convencieron de volver al beisbol. Jugué unos partidos y justo en ese momento me volví a lastimar la rodilla.

Entonces, golpeado emocionalmente por la muerte de mi hijo y con mi rodilla seriamente lesionada, decidí colgar los spikes”, cuenta quien jugó toda su carrera con los meniscos de su rodilla izquierda dañados, tanto que en el 2001 un médico le dijo que no siguiera jugando y que debía someterse a una operación, pero él, todavía apasionado por el juego, se puso a reír frente al doctor y le dijo que “mientras Dios me diera fuerzas y yo sintiera pasión por estar en un terreno de juego, iba a seguir jugando”. Y así fue hasta ocho años después.

Lo cierto es que la muerte de su hijo Samuel Avellán, de apenas 5 años y siete meses, le dio un giro a la historia de Avellán, quien no rehúye a conversar sobre ese episodio dramático. “Era mi único hijo con Nidia Urtecho, quien ha sido mi esposa desde siempre.

A él le dio una parálisis que le afectó la parte inferior de su cuerpo, pero habíamos tratado ese problema gracias a unas gestiones personales con Tony Castro, el hijo del comandante Fidel Castro que es cirujano ortopédico y que siempre andaba como el médico de las selecciones cubanas. Junto a mi esposa viajamos tres veces a Cuba y el niño empezó a mostrar mejorías. Todo iba normal, estaba en segundo nivel de preescolar, se sabía los números en inglés y también las vocales, lo normal para un niño de esa edad”, cuenta Avellán.

“Sin embargo, un fin de semana le dio fiebre y decidimos internarlo. Después de un día en el hospital nos dijeron que ya estaba bien y que a la mañana siguiente nos lo entregarían. Ese día amaneció en buen estado, pero como a las 10 de la mañana nos dicen que se puso mal y poco tiempo después nos anuncian su muerte. En el momento nadie pudo darnos una explicación de lo ocurrido.

La noticia me impactó, pero no culpé a nadie, simplemente me resigné pensando que era su tiempo, que Dios así lo había decidido”, narra el otrora pelotero, notablemente sensible ante el recuerdo.

El entrenador de los niños

Tras el fallecimiento de su hijo, Avellán decidió que su amor de padre, todavía vigente, debía compartirlo con otros. Para entonces la salió la oportunidad de entrenar a un equipo de 33 niños del colegio Sagrado Corazón, de Granada, donde su esposa trabajaba.

Luego dirigió al equipo de la Gran Sultana en un Campeonato Nacional y ahí se reencontró “con la gente de la Federación Nicaragüense de Beisbol Asociada (Feniba): el doctor Felipe Gurdián, Nemesio Porras y Ajax Delgado. Establecimos contacto y luego me llamaron por teléfono para consultarme si quería entrenar a una preselección infantil, acepté y ganamos medalla de bronce en un Panamericano de 9-10 años.

Casi de inmediato viajamos con una selección Sub-12 a Guatemala y ganamos presea de bronce en el Campeonato Panamericano de esa categoría. Al siguiente año, en otro torneo Panamericano volvimos a ganar medalla y esta vez de plata. Entonces, tras conquistar tres preseas consecutivas, Nemesio Porras, para entonces ya presidente de la Federación, me propuso que trabajara como el coordinador del beisbol menor y desde entonces estoy enfocado en eso.

Durante los últimos seis años, las selecciones menores han conquistado un aproximado de 17 medallas en Campeonatos Panamericanos y Mundiales, asegura Avellán, “lo que demuestra que los combinados nacionales llegan a los torneos no solo a participar, sino a competir”.

Lejos de lo que muchos puedan pensar, Jorge Luis Avellán le huye al quedarse con todos los créditos del avance mostrado por el beisbol menor de Nicaragua en los últimos tiempos.

“No digo que soy el artífice de todos estos logros, pues la parte fundamental de este trabajo la hacen los entrenadores de las comarcas, los municipios y los departamentos, ya que son ellos los que llevan el beisbol hasta los niños, nosotros como federación lo que hacemos es pulir ese talento en las preselecciones nacionales”, puntualizó Avellán.