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Los antecedentes reflejan que no existe una buena comunión entre los campeones mundiales nicas y los negocios. Y es que suele ser común que la falta de asesoría produzca malas decisiones, las cuales terminan en pésimas inversiones y cuantiosas pérdidas de dinero. En algunos casos, los púgiles ni siquiera toman el riesgo de invertir, gastan desmesuradamente y extienden sus carreras más allá de los 40 años, impulsados por la necesidad financiera, ejemplo de eso es Ricardo “El Matador” Mayorga, el boxeador nica que más dinero ganó en su carrera, pero no supo manejarlo.

Cristofer González y Félix Alvarado representan la nueva generación de campeones del mundo en Nicaragua. Se coronaron este año, dejando atrás el anonimato y superando definitivamente las limitaciones económicas.

Cristofer, hijo de Julia González, y el mayor de tres hermanos, tuvo una niñez alejada de lujos y juguetes. Vivió por 4 años en el barrio Villa Flor, donde su madre alquilaba un apartamento con mucho sacrificio.

Para llevar el alimento a casa y solventar los gastos, doña Julia vendía hot dogs en un carrito; también melcochas, incluso fue ayudante de albañilería. Eso sí, doña Julia reconoce que siempre recibía el respaldo de su prima Dela, quien vive en Estados Unidos y les ayudaba económicamente.

Fue doña Dela quien le propuso a la mamá del campeón dejar de gastar en alquiler e irse a una casa que tenía desocupada en Laureles Sur, donde Cristofer aprendió boxeo de la mano de su tío Rogelio González.

Más adelante, “El Látigo”, sus dos hermanos y su madre se trasladaron a una casa ubicada en la Colonia Nicarao. En ese sector, Cristofer vivió la etapa de adolescencia. 

Pasaron los años, el muchacho apodado como “El Látigo” fue sumando triunfos en Nicaragua, se hizo campeón nacional, luego entró a los rankings de los distintos organismos mundiales, hasta que consiguió su oportunidad de título.

“Vivíamos posando”

La niñez de Alvarado tampoco tuvo lujos. Su mayor diversión era patear una pelota. Si no hubiese sido boxeador, quizás “sería futbolista”, asegura.

Doña Mayra Sánchez, madre de los “Gemelos”, tuvo que hacerse cargo de sus seis hijos.

Félix Alvarado. Archivo/END

“Pasamos momentos duros. Anduvimos rodando, posando de un lado a otro”, cuenta el púgil.

Félix vivió en Villa Fraternidad, donde su mamá tenía una casa, pero “la vendió por necesidad”, explica el ahora campeón.

Posteriormente, “Los Gemelos” y sus hermanos se trasladaron a Villa Reconciliación. Doña Mayra con mucho esfuerzo, trabajando como joyera, logró adquirir un terreno en 3,000 dólares.

“Era una casa sencilla, mitad bloque, mitad de lata”, dice Félix.

Pero en ese barrio de la capital, la familia Alvarado no viviría mucho tiempo. La inseguridad del sector debido a la existencia de expendios de drogas ponía en riesgos a los hijos de doña Mayra.

“Mi mamá tenía temor de que nos perdiéramos en vicios, estábamos muy expuestos en esa barrio, entonces decidió sacarnos de allí lo más pronto posible. Prácticamente mi mamá regaló ese terreno, lo vendió en mil dólares. Otra vez nos cambiamos, nos establecimos en el barrio Hugo Chávez, donde conseguimos un terrenito”, relata.

“Recuerdo que muchas veces le pedíamos algo a mi mamá y ella nos decía que haría todo lo posible por dárnoslo, no era que no quería, sino que no podía, era difícil ser madre soltera con seis hijos”, cuenta.

Pero el ascenso en la carrera de Félix comenzó a rendir sus frutos. En 2013, Alvarado recibió su primera oportunidad de título mundial en Japón. Perdió el combate, pero ganó 17,000 dólares.

Con ese dinero, un año después, “El Gemelo” compró un terreno en Ticuantepe, donde también su mamá adquirió el propio.

“Recuerdo que con la bolsa que gané ante Ioka invertí 3,000 dólares para comprar dos tramos en el mercado Roberto Huembes, puse un negocio de bolsas plásticas y videojuegos, pero la falta de tiempo hizo que desistiera, tenía que estar en el gimnasio entrenando. Mis dos tramos se quemaron el año pasado en el incendio que hubo, como no tenía dinero, estaban sin trabajarse”, señala.

Tras ganar el título de la Federación Internacional de Boxeo (FIB) el pasado 29 de octubre en Filipinas, noqueando a Randy Petalcorin, Félix restauró los dos tramos.

“Ahora con lo que gané ante Petalcorin gasté mil dólares en reestructuración y ya los estoy alquilando”, explica.

También guardó su moto y compró “una camioneta doble cabina valorada en 7,500 dólares. Coronado, mi prioridad era andar seguro a mi familia, tengo una niña de 3 años, Chelsea, y en camino viene mi varoncito, Félix Mateo”.

Con 29 años, Félix sabe que la vida útil de un boxeador arriba del ring es corta.

“El dinero se acaba y uno necesita algo con qué sobrevivir, más adelante me gustaría invertir en bienes raíces, tener un negocio de joyería, porque manejo bastante de eso por mi mamá, quien es joyera”, planifica el boxeador.

Cristofer González posa en la barra de su sport bar Noveno Round.  Alejandra Valenzulea/END

Según Alvarado, la clave del éxito es “pedirle sabiduría a Dios, cuando uno no ha tenido dinero se vuelve loco, ahorita estamos en pleno apogeo, pero mañana no sabemos”.

Cristofer emprende

El 15 de abril de este año, Cristofer se coronó campeón de las 112 libras del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), noqueando a Daigo Higa en nueve asaltos.

Ganó 35,000 dólares (menos el 33% de su apoderado y pago a sus entrenadores), además recibió 10,000 dólares en compensación, porque su rival no dio el peso.

En su primera defensa, contra Paddy Barnes en agosto, González se embolsó 80,000 dólares, menos el porcentaje antes mencionado.

Por su parte, Alvarado ganó 17,000 dólares en su primera oportunidad de título contra Kazuto Ioka, en diciembre del 2013, después percibió 12,000 dólares cuando perdió contra Juan Carlos Reveco, el 6 de junio del 2014 en Argentina, donde tuvo su segundo chanche titular, y recientemente se adjudicó 28,000 en su coronación ante Randy Petalcorin en Filipinas.

¿Qué hicieron estos monarcas cuando tuvieron su primera gran bolsa? Hace un par de semanas, Cristofer empezó el camino del emprendimiento de forma más seria con la creación del sport bar Noveno Round, un centro de entretenimiento ubicado en la carretera Masaya. También está en negociaciones para comprar una casa en un residencial del kilómetro 13 carretera Masaya, donde actualmente vive junto a su esposa, Cindy Toruño. 

“Con mi primera bolsa importante me di el gusto de llevar a mi mamá (Julia González) a mi pelea con Mohammed Obbadi en Italia, igual en Japón me la llevé a la pelea con Higa. Compré tres vehículos, dos camionetas (Ford explorer 2015 y Mitsubishi 2017), una para mi esposa, otra para mí, y un vehículo Honda Accord, ese queda en la casa de mi mamá. También he apoyado a mi entrenador y otras cosas más”, cuenta Cristofer.

“Anteriormente tuve un puesto de pollo en los Laureles Sur, mi esposa y yo decidimos quitarlo porque no teníamos suficiente tiempo para estar pendientes del negocio”, señala.

“Lo del bar era algo que quería desde hace mucho tiempo, pero hasta ahora se me dio la oportunidad. La idea fue mía, ahorita me está apoyando la familia de mi esposa, mi mamá me ha echado la mano, mis tíos también cuidándome el negocio. La experiencia ha sido positiva, nos falta publicidad para que el bar se dé a conocer”. Cristofer visiona un poco más y en un futuro se ve “invirtiendo en bienes raíces”. 

Malgastaron el dinero

“Comencé a invertir hasta que enfrenté a Ricardo ‘El Finito’ López en mi quinta defensa de título, tomé malas decisiones, compré cuatro buses en Miami, 17,500 dólares costó cada bus y el gobierno de Enrique Bolaños no me dio la oportunidad de tener una ruta”, cuenta Rosendo Álvarez, dos veces campeón del mundo (105 y 108 libras de la AMB).

“También me fue mal con la promotora Boxing Star Promotions, en ese tiempo el Gobierno no apoyaba, la empresa privada tampoco, tuve una pérdida de 200,000 dólares”, afirma.

“Por lo general el boxeador no es estudiado, entonces se te acerca gente que te quiere envolver, te dicen qué debés hacer, se aprovechan”, dice José “Quiebra Jícara” Alfaro, quien se convirtió en campeón mundial 135 libras de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), derrotando al tailandés Pantan Narongwet por decisión dividida, el 29 de diciembre del 2007 en Alemania.

“Mientras estás activo es complicado emprender, porque no podés darle todo el tiempo al negocio y al boxeo”, agrega.

Cristofer González y Félix Alvarado. END.

Un ejemplo de cómo malgastar el dinero fue el que dio Román “Chocolatito” González en el 2009, un año después de convertirse en campeón mundial 105 libras de la AMB.

Compró un carro Mercedes Benz, valorado en 60,000 dólares. Tras un mes de haber adquirido el vehículo lo chocó. “Cuando uno no ha tenido dinero, al tenerlo se vuelve loco”, dijo en una entrevista a El Nuevo Diario.

De los negocios del “Chocolatito” se sabe muy poco. En el 2016, inauguró un autolavado en el barrio Altagracia, pero no dio los frutos esperados, por ende, tuvo que cerrarlo. Anunció que elaboraría unos cuadernos con su marca, no obstante, el proyecto tampoco tuvo avances importantes. Lo que sí se conoce es que el “Chocolatito” ha invertido en bienes raíces, comprando algunas propiedades. A sus 31 años y con cuatro coronas, Román ha ganado fácilmente más de un millón de dólares en su carrera.

Aún viven del boxeo

Actualmente, José Alfaro, boxeador activo, y Rosendo, ya retirado, pasan por un buen momento. 

“Quiebra Jícara”, quien ganó 240,000 dólares sumadas la pelea de campeonato y la primera defensa, tiene su casa en Nagarote, una camioneta, un tramo en el mercado Oriental que le genera 500 dólares mensuales en renta, y además es comentarista en el programa Noche de Campeones, de Canal 6, y en las transmisiones de Nica Boxing.

“Vivo del boxeo, no gané dinero como otros monarcas, pero hice mis cositas”, argumenta Alfaro.

Rosendo regresó a Nicaragua en el 2011, tras vivir más de 6 años en Estados Unidos.

Instalado en el país, Rosendo junto a su esposa, Ruth Rodríguez, fundaron Búfalo Boxing, una promotora que acumula 6 años promoviendo este deporte en el país y a la que Álvarez define como “un éxito”.

“El Búfalo” también es comentarista en Noche de Campeones y cobra por algunas charlas en empresas privadas.

“Trabajo honradamente con mi esposa, gracias a Dios siempre me ha bendecido”, dice.

Álvarez le aconseja a Félix y Cristofer, y a los futuros campeones, que “trabajen duro, ahorren y cuando deban retirarse busquen asesores para negocios. Invertir en bienes raíces es el mejor negocio para un deportista”.

Alfaro dice que “si no tenés gente de confianza, lo mejor es ahorrar y hasta que te retirés emprender. Si tenés el personal de confianza, emprendé. Cuando son asuntos de dinero hasta la misma familia te puede dar vuelta. Mientras estás activo es complicado, porque no podés darle todo el tiempo al negocio y al boxeo. Es mejor empezar con negocios pequeños para agarrar experiencia”.