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Cuando subes al ring nunca debes dejar olvidada en el closet el alma de boxeador que garantiza tu crecimiento frente a la adversidad. Hay miles de historias sobre eso, y Cristofer Rosales González debería conocer algunas. El pinolero perdió porque no supo apretarle las tuercas a un rival que no pareció disponer de la cuota de poder para inquietarlo, pero que utilizó con relativa comodidad un movimiento permanente, cambiando el perfil y los ángulos, para provocarle desajustes que no pudieron ser corregidos a lo largo de 12 asaltos.

CharliE Edwards fue una ecuación complicada para Cristofer González. Archivo/END

No me pregunten por el momento más electrizante de una pelea casi sin variantes, con imágenes repetidas, y sin ningún motivo para masticar las uñas. Rápidamente las propuestas de cada uno fueron tan previsibles, que muchos rounds parecían que ya los habíamos visto. Todos coinciden en que Cristofer perdió la pelea, pero no por la diferencia mostrada en las tarjetas de los jurados, sino ajustadamente. Pienso lo mismo porque Cristofer dejó que el tiempo se extendiera, yendo hacia delante, pero sin ejercer real presión, casi indiferente.

Estuvo bajo control

Edwards no me impresionó. Su método fue sencillo: mantener al nica fuera de distancia, pasar golpes sin necesidad de alardear, utilizar su jab zurdo apropiadamente para evitar acercamientos peligrosos, tratar de calibrar el desgaste de González quien desde muy temprano, raramente, dosificó su intensidad. Si no te has preparado para tener la cuerda suficiente que exige un largo trayecto, tienes que pisar el acelerador volcándote con determinación en busca de simplificar. Hacer valer lo más pronto posible tus ventajas antropométricas y tu golpeo más decisivo. Y en ese planteo emergente, tienen que participar los hombres de la esquina. No me hablen de falta de autoridad, cuando nadie mejor que el púgil está consciente de sus necesidades, como decía Rocky Graziano.

1 Defensa exitosa realizó el ahora excampeón mundial Cristofer González del título mosca del CMB. Archivo/END

No es necesario ser un Angelo Dundee o un Eddie Futch para percatarse que Cristofer se estaba quedando corto en la llegada de sus golpes y que tenía la obligación de empujar a Edwards contra las cuerdas con arremetidas cargadas de fiereza aunque faltas de puntería, mientras la carga de oxígeno fuera suficiente. Todos, incluido el púgil, permanecieron en el vacío.

¿Qué fue lo que hizo?

No supo el nica inyectarle algo de temor al británico, aunque pudo hacerlo, dejándolo en cambio acomodarse en la distancia requerida para estarse moviendo casi burlescamente, de un lado a otro, frenando para ciertas combinaciones apenas molestas, excepto por una consistente muy temprano y una ráfaga llamativa en la recta final…No admito que se perdió el control del peleador en la etapa previa. Ningún entrenador está más preocupado que el púgil que se juega su futuro. Alexis se levantaba antes que “El Curro” y le pedía más rounds en las fases de adiestramiento. Eso no se enseña, ni se aprende, viene con el peleador. Alí graficado por Norman Mailer, es el más grande ejemplo. Lo vi hacer 10 rounds de guanteo con Jimmy Ellis tres días antes de pelear con Shavers. Es el púgil su propio jefe disciplinario.

En el famoso cuento de Jack London fue la falta de un bistec lo que impidió el triunfo de Tom King, en el caso de Cristofer, fue su falta de determinación para tomar riesgos y presionar hasta agobiar. Eso sí, es obvio que el nica dispone del armamento para un ajuste de cuentas, si se chequea el corazón.