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En 1972, cuando cerró temporada disparando su hit 3,000 contra el zurdo de los Mets John Matlack, el astro boricua Roberto Clemente, era considerado sin el menor titubeo el mejor pelotero latinoamericano de la historia.

No regresó para 1973 al perder la vida en una actitud humana sin precedentes para un superestrella de los deportes, dejando a su familia y la alegría de un fin de año, a cambio de tomar el riesgo de llevar ayuda a la Nicaragua estremecida por el terremoto ocurrido en la capital.

Abordó un avión fallado que cayó al mar ese 31 de diciembre. Clemente quien funcionó como mánager de Puerto Rico en el inolvidable Mundial Nica del 72, fue todo lo que uno quiere que sea un pelotero de Grandes Ligas con etiqueta de fuera de serie. Cada temporada la jugaba con tal empeño por superarse, que daba la impresión sentir la necesidad de probarle algo al mundo del beisbol, y también a sí mismo, estimulado por su inmenso orgullo.

Fieros retadores

¿Sigue siendo Clemente el mejor latino? Pese al surgimiento de tres “monstruos” como lo han sido Alex Rodríguez, ya retirado con una fuerte mancha, Alberto Pujols y Miguel Cabrera aún activos entre lesiones, cuesta discutir a Roberto, porque es como retar a un mito, así como lo ha sido Babe Ruth para las nuevas generaciones sin distingo de nacionalidad.  A lo largo de 18 temporadas, Clemente fue un bateador de 3,000 imparables con un promedio de por vida de 317 puntos y cuatro títulos de bateo.

Los dominicanos Rodríguez y Pujols lo superan en hits con 3,115 y 3,082, pero ambos solo consiguieron un cetro en porcentaje, en tanto el venezolano Cabrera, ganador de una triple corona, terminó en la cima de los bateadores, cuatro veces, igual que Clemente, cuyo poder no fue tan notorio, con una cifra máxima de 29 jonrones, mientras Rodríguez superaba tres veces los 50 y otras cinco los 40. Cabrera, casi sin acción en el 2018, registra dos campañas de 44 vuelacercas.

Pelotero completo

Pero Clemente, quien obligó a saltarse las reglas para ingresar de inmediato al Salón de la Fama, es visto de otra forma, por encima de sus cifras. Su liderazgo con los Piratas, equipo al que empujó a la conquista de dos Series Mundiales bateando de hit en los 14 juegos, su incidencia y su gama de facultades, lo muestran más allá del mito, como el más completo…

Verlo jugar era como estar en un baile de diamantes; su bate bien alto detrás de su mirada de lince; ese movimiento único sobre el lanzamiento y el salto de tigre proyectándose hacia primera agregando ese desplazamiento sobre las bases; sus disparos desde el rincón del jardín derecho con poder y mortífera precisión sacando outs improbables en tercera y el plato y provocando ruidosos frenazos; esa alegría contagiosa en su juego; esa confianza exuberante en sus prodigiosas facultades; esos detalles que no aparecen en las estadísticas pero que hacen diferencia respecto a los otros, lo mantienen junto con la fuerza del mito, como el mejor latino.

Recuerdo creciente

Después de 46 años de su muerte, lejos de perder algo de brillo, grandiosidad, respeto y admiración, el recuerdo de lo que fue y significó no solo en el beisbol, el gigante boricua Roberto Clemente, sigue siendo de una fuerza avasalladora en crecimiento, atravesando el territorio de lo legendario para convertirse en mito. La forma en que murió Clemente lo glorificó y lo inmortalizo.

Es difícil y quizás improbable, encontrar entre seis millones de pinoleros, alguien capaz de tomar una decisión de tanto desprendimiento por su propio país, en un día tan especial, colocando a un lado a su familia, para venir en nuestra ayuda, posterremoto, en un avión con fallas que cayó en el mar casi al despegar. Desde entonces, él permanece vivo en Nicaragua, como un ejemplo de lo que todos quisiéramos ser, en lo deportivo y en lo humano.