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En los últimos años de la década de los 70, en Ciudad de Panamá, exactamente en la Calle El Paical, de la urbanización Los Ángeles, un grupo de niños solía jugar beisbol todos los días, casi de manera religiosa. Era fácil identificar entre los jugadores al más pequeño de todos, no solo por su diferencia de tamaño respecto a los otros, sino porque era evidente su apasionamiento con el juego. 

Para entonces, ese peloterito que debía exigirse al máximo procurando que los más grandes lo dejaran jugar, estaba lejos de imaginarse que sería firmado por una organización de Grandes Ligas y que varias veces quedaría a las puertas de ser un ligamayorista. 

Ah, tampoco sospechaba que forjaría un juego Sin Hit ni Carrera en el beisbol de Nicaragua, país en el que ahora está a solo cuatro victorias de convertirse en el primer mánager que gana tres veces consecutivas el campeonato de la Liga Profesional. Sí, se trata de Lenín Picota, el timonel que al mando de los Tigres de Chinandega ha hecho del éxito una costumbre. 

Lenín Picota, cuando era lanzador de los Tigres de Chinandega. Archivo/END

Aquellos años jugando beisbol en las calles de su natal Panamá, Picota no los olvida y parece disfrutar cada vez que vuelve a ellos. “Jugábamos con pelotas de tenis y las bateábamos con los puños. Era muy divertido, aunque para mí no era fácil, pues como era el más pequeño del grupo, tenía que esforzarme al doble para demostrarles a los más grandes que debían dejarme jugar. El asunto es que la regla principal era que el que no bateaba no tenía permitido estar en ningún equipo”, narra el ahora mánager.

Don Picota, su principal mentor

Bajo la instrucción de su padre, René Picota, Lenín aprendió los elementos básicos de la técnica para ser un pícher.  En su memoria quedaron grabadas las tardes en las que su padre lo entrenaba, usando siempre, como si de un manual se tratara, “un libro en cuya portada aparecía el legendario Nolan Ryan, y cuyo contenido abordaba aspectos importantes sobre cómo ser un lanzador”. 

Gracias al apoyo y las enseñanzas de su papá, quien se convirtió en su principal mentor, Picota empezó a lanzar a los 13 años de edad. Dos lustro más tarde, tras destacar en diversos torneos locales de categorías inferiores, recibió la primera oportunidad de jugar con una selección de su país. Recuerda muy bien que fue con el equipo juvenil de Panamá al Mundial de la categoría que se jugó en Pensilvania, Estados Unidos, y como consiguió destacar, las convocatorias para integrar otras selecciones, cada vez de categorías mayores, se volvieron comunes.

Aventura en ligas menores  

Su buen desempeño con las selecciones nacionales de Panamá, le valió para captar la atención de los scouts de diversas organizaciones de Grandes Ligas, hasta que a los 17 años firmó con los Cardenales de San Luis, con quienes debutó en la categoría de novatos en 1984 y con los que jugó hasta 1991, año en el que llegó a tener acción en AAA, la antesala al mejor beisbol del mundo. 

En 1992 jugó en AA con los Expos de Montreal y según afirma esa fue su mejor temporada en Ligas Menores, incluso, asegura haber sido convocado al Juego de Estrellas. En 41 partidos como relevista durante esa campaña, obtuvo un récord de cuatro victorias y tres derrotas, además de 26 juegos salvados y una brillante efectividad de 1.88. En medio de ese año de tan buenos números recibió la noticia de que estaba próximo a ser ascendido a la MLB.

Sin embargo, al año siguiente fue cambiado a los Marineros de Seattle, con quienes también llegó a estar en AAA. Ese 1993 no fue un gran año para él y terminó frustrándose, tanto que fue su último en Ligas Menores. Luego jugó en el beisbol mexicano, en una Liga Independiente en Estados Unidos y en la pelota coreana.  

De acuerdo con los registros de Baseball Reference, Picota se mantuvo jugando en los niveles antes mencionados por 16 temporadas, en las que acumuló 83 victorias y 77 derrotas, con el agregado de 66 juegos salvados y un promedio de carreras limpias permitidas de 3.83. A lo largo de 1,337.1 episodios lanzados ponchó a 832 bateadores, otorgó 580 bases por bolas y admitió 79 cuadrangulares. 

“El juego de mi vida”

Según recuerda, Picota vino a jugar a Nicaragua por primera vez en el 2000, y lo hizo con el equipo de Chinandega en el beisbol de Primera División. Tres años más tarde, asegura que jugó solo como tres partidos con los Indios del Bóer. Sin embargo, su mayor impacto lo consiguió en la primera temporada de la actual Liga Profesional, integrando el equipo de los Tigres de Chinandega que perdió la final contra León en la campaña 2004-2005. 

En el quinto juego de esa Serie Final, Picota fue el abridor por Chinandega y en la mayor faena monticular que se ha registrado en la nueva etapa de la Liga Profesional de Nicaragua, venció a los leoneses con pizarra de 4-0  forjando un histórico juego Sin Hit ni Carrera, el único que se ha lanzado hasta ahora. Ese día, el domingo 23 de enero del 2005, Lenin realizó 99 lanzamientos, de los cuales 65 fueron strikes y 34 bolas. En total ponchó a nueve rivales.

Picota quiere ser tricampeón de la LBPN. Orlando Valenzuela/END

“Fue hasta que llegamos al séptimo inning que me di cuenta de que estaba lanzando juego perfecto. En esa entrada, un cambio en la forma en que había estado enfrentando a los bateadores, me llevó a perder la perfección. Recuerdo bien que el cácher Adolfo Matamoros me pidió que siguiera trabajando en la zona de afuera, que eso estaba dando resultado, pero le dije que no y empecé a tirar más pegado a los bateadores, fue entonces que golpeé a un jugador de León (Juan Vicente López, según registros) y se acabó el perfecto. Sin embargo, gracias a Dios pude completar el “no hitter”, cuenta Picota, añadiendo que “ese día mi deseo de superación y mi amor por el equipo me llevaron a lanzar el juego de mi vida”.

Lenin Picota solo jugó esa temporada en el beisbol profesional de Nicaragua, sumando siete victorias con dos derrotas y una efectividad de 2.47. En 69.1 episodios lanzados ponchó a 50 bateadores, regaló 25 bases por bolas y no aceptó cuadrangulares.

Al servicio de Nicaragua

El debut de Picota en el rol de mánager fue con los Tigres de Chinandega en la temporada del 2016-2017, llevando a los felinos al campeonato por primera vez desde la campaña 2012-2013. Volvió en la edición del 2017-2018 y retuvo la corona. Ahora está nuevamente en la final y solo cuatro victorias lo separan de ganar el título por tercera ocasión consecutiva, un hecho sin precedente en Nicaragua. 

Según afirma el propio Picota, su éxito radica en su experiencia como pícher, pues “cuando uno ha lanzado tiene el conocimiento de en qué momento un pícher está cansado y cuándo está en un buen día o en uno malo. Esto ayuda a realizar los cambios en el momento justo.  El resto de estrategias las va pidiendo el juego, por lo que también es importante contar con un coach que maneje bien la defensa y otro que ayude con los bateadores, dos elementos que ye he tenido siempre en Chinandega”. 

Dado su éxito con los Tigres a nivel nacional y en el extranjero en la Serie Latinoamericana, torneo que ha ganado en sus últimas dos ediciones, han sido muchos los aficionados que lo han propuesto como mánager de la selección nacional, un reto al que Picota no rehúye. “Estaría dispuesto a seguir dirigiendo en Nicaragua, y si me dieran la oportunidad también asumiría la responsabilidad de dirigir la selección nacional. No dudaría en decir presente si algún día Nicaragua me necesitara como mánager”, puntualiza quien por ahora está enfocado en guiar a los Tigres hacia las puertas de la historia.