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Desde que debutó con los Rojos de Cincinnati a la edad de 20 años, Frank Robinson vivió abrazado a la fama. Seguramente estaba acariciando un bate y quizás revisando sus formidables cifras al momento de morir ayer.

Tenía 83 años y el bateador de 586 jonrones, ahora veía las verjas de los estadios por televisión, muy lejanas, y borrosas. Su mayor salario fue de 160,000 dólares con los Angelinos de California en 1973 y 1974, no con Cincinnati o Baltimore, los dos equipos con los que alcanzó su máximo nivel de rendimiento obteniendo reconocimientos como Más Valioso en 1961 y 1966, uno en cada liga, caso especial.

¿Cuánto recibiría en estos tiempos, un bateador que como Novato del Año disparó 38 jonrones y empujó 83 carreras en 1956, cuando aquí se jugaba la primera Liga Profesional, y que se proyectó consistente repartiendo palo por el sendero de la grandiosidad, hasta golpear ruidosamente las puertas del Salón de la Fama y entrar al galope? Bryce Harper, le estaría solicitando un autógrafo.

Se acercó a los 3,000 hits

El artillero que se retiró después de la temporada de 1976 lamentando quedar a 57 hits de los 3,000, abrió otra puerta histórica al convertirse en el primer mánager negro en las mayores, funcionando como jugador y timonel con los Indios de Cleveland en 1974, alcanzando su mayor notoriedad en esa gestión, dirigiendo a los Orioles, con los que obtuvo la distinción del mejor del año en 1989, y los Expos de Montreal, que le permitieron extenderse hasta la primera temporada de los Nacionales de Washington.

Si algo le dolió de verdad a Frank Robinson, fue ser eliminado estando al frente del equipo de Estados Unidos que pretendía buscar la medalla de oro en los Olímpicos de Atenas 2004. La derrota por 2-1 ante México lo persiguió aguijoneándolo durante su retiro, pero la admiración y el respeto cultivados a lo largo de una impresionante trayectoria construida durante 21 años, nunca fueron arañadas. Estuvo en acción en 5 Series Mundiales, logrando conectar 10 jonrones, cifra difícil ahora, en una época en que no se ven dinastías.

Un dolor como mánager

Ver en el corazón del line-up de los Orioles de 1966 a Frank y Brooks Robinson junto a Boog Powell, impresionaba. Sin hacer alardes, dependiendo de un picheo sorprendente y hermético que solo necesitó usar cuatro brazos en cuatro juegos, con una faena de relevo, aquellos Orioles terminaron con los Dodgers de Koufax, Drysdale y Osteen en la Serie Mundial de ese año.

En los Rojos, encabezó un ataque que incluía a Vada Pinson y Wally Post…Su mayor cantidad de jonrones en una campaña fue de 49 en 1966, cuando ganó la triple corona en la Liga Americana, adelantándose a Cal Yaztremski. Se elevó hasta 100 o más remolques seis veces, y aunque solo en una temporada superó la barrera de los 200 imparables, registró nueve promedios sobre los 300 puntos, consiguiendo un cetro de bateo. Realmente, un bateador temible. Sin embargo, ellos también mueren, dejando un legado extraordinario.