• Nicaragua |
  • |
  • |
  • Edición Impresa

En el primer juego de la Serie Mundial de 1949, el estelar de los Dodgers y novato de ese año, Don Newcombe, fue estremecido por el jonrón solitario de Tommy Henrich en el fondo del noveno inning contra el primer lanzamiento, sin out.

Fue la única carrera del juego. Henrich, primera base de los Yanquis, bateaba segundo delante de Yogi Berra y Joe Dimaggio. Ese día, Newcombe se fajó con Allie Reynolds en una cabalgata de ceros que parecía avanzar tranquilamente sobre las aguas del larguísimo río Hudson en Nueva York, la ciudad de los dos equipos en batalla.

Sin embargo, ninguno de esos tres bateadores fue para Newcombe un enemigo tan temible como el licor, primero las cervezas en racha y después las botellas de whisky. Los festejos por ser el primer ganador de un “Cy Young” en Las Mayores, y al mismo tiempo Más Valioso en 1956, lo debilitaron mucho después de 27 victorias.

Su gran proyección

No volvió a alcanzar los niveles de rendimiento que provocaron asombro y lo colocaron bajo los reflectores: debut con 17 triunfos y reconocimiento como Novato del Año en 1949, siendo designado abridor del primer duelo en la Serie Mundial; continuidad llamativa con 19 y 20 triunfos en las temporadas de 1950 y 1951, antes de ser enviado dos años al Servicio Militar en un momento de crecimiento a la edad de 25; regreso para volver a adaptarse en 1954 con balance de 9-8, ganando 20 en 1955 cuando los Dodgers se coronaron, y salto espectacular como el de Bob Beamon o Mike Powell en 1956, registrando 27 triunfos.

Ese fue el año en que se inventó el Premio Cy Young, concediéndose solo uno, no dos como en estos tiempos desde 1967. Así que Newcombe fue el primero, adelantándose a Warren Spahn. Decía Shirley Povich que se embriagó con el éxito y eso amputó su grandiosidad.

Sin ganar en clásicos

Entre los “que le hizo falta” está un triunfo en series mundiales. Newcombe, quien falleció a los 92 años, estuvo involucrado en tres clásicos, todos contra los Yanquis, sin poder ganar y perder cuatro veces.

Estuvo cuatro veces en Juegos de Estrellas. Hay que agradecerle a los Dodgers haber abierto las puertas a los peloteros que brillaban en las Ligas Negras. Jackie Robinson en 1947, Roy Campanella en 1948 y Don Newcombe en 1949. Sin ese quiebre de barrera, el paso del tiempo se hubiera tragado parte de las facultades portentosas de Willie Mays o quizás ocultado por completo.

Cuatro astros de sepia en un Juego de Estrellas y tres del mismo equipo, era algo difícil de creer aunque lo estuvieran viendo en aquel tiempo. Newcombe lanzó 8 entradas brillantes en el tercer juego de la Serie extra contra los Gigantes en 1951. Salió, entró Raplh Branca y Bobby Thompson disparó su jonrón histórico. Si no ha encontrado tanto licor en su camino, ¿qué tan grande hubiera sido Newcombe? Inútil especulación.