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Es jueves por la madrugada en el barrio Buenos Aires, de Ticuantepe, municipio de Managua, la temperatura está a 26 grados Celsius. El reloj marca las 5:15 a.m., tiempo en que el bullicio de los grillos se conjuga con el canto de los ocho gallos que hay en la casa del campeón mundial de las 108 libras de la Federación Internacional de Boxeo (FIB), el nicaragüense Félix “El Gemelo” Alvarado, quien se alista para dar inicio al más público de sus días de entrenamiento.

El pugilista se enfunda una camiseta blanca con el logo de un patrocinador. Se pone sus calcetines blancos y unos zapatos deportivos para iniciar el calentamiento físico previo a su carrera matutina, la cual se extiende hasta escalar la cima del cerro El Panorama, a 700 pies sobre el nivel del mar, según cuenta Félix.

“A esta hora (5:30 a.m.) vamos de viaje. Para ir al cerro no me tengo que desvelar mucho, porque horas antes no es posible correr a causa de la oscuridad. Cuando me reconcentro en Managua me levanto a correr a las 3:50 a.m., porque tengo que aprovechar el aire fresco sin el humo de los vehículos”, cuenta “El Gemelo”, mientras calienta sus músculos en el patio de su casa, antes de emprender la primera parte de su rutina de entrenamiento en el día.

Al “Gemelo” le acompaña Jeffrey Jirón Ramírez, un jovencito espigado y moreno de 17 años, que es un boxeador amateur, de buena estatura y brazos largos, y quien por algunas semanas se queda en la casa de Alvarado por invitación del campeón.

“Él es un muchacho humilde con una historia difícil. Su mamá murió cuando tenía 3 años. Lo estoy apoyando”, explica el campeón.

Mientras calienta, Alvarado empieza a relatar lo difícil que era la vida para él antes de ser campeón. La del “Gemelo” es la vida de decenas de boxeadores que desde lo más hondo de la pobreza han saltado al estrellato del pugilismo.

Ahora Alvarado no solo es campeón, sino que también tiene a su esposa, Clara Quiroz, y es padre de Chelsea Alondra, de 3 años, y Félix Mateo, de 1 mes de nacido.

“Antes me acostaba pensando qué iba a comer y cómo iba a conseguir el pasaje para ir al gimnasio. Eran días difíciles. Ahora, gracias a Dios, me levanto tranquilo, porque a mi familia no le falla el alimento”, cuenta el monarca.

El suplicio en el cerro

En punto de las 5:30 a.m., Félix comienza su carrera matutina, saliendo del callejón de su casa, hasta la calle principal de tierra que lo llevará al estrecho camino por el que escalará el cerro.

“Hay una distancia de unos 5 o 6 kilómetros”, calcula Alvarado. “Lo que ayuda más a mi condición física es la inclinación que tiene este cerro”, agrega.

“Estoy corriendo desde enero porque dicen que peleo en abril. En Japón aseguran que pelearía el 27 de ese mes”, confiesa, antes de referirse de forma halagadora sobre su entrenador, Luis Cortés, y asegurar que su objetivo es “unificar títulos, hacer historia y convertirme en una leyenda”.

El campeón gusta de jugar Play Station. Orlando Valenzuela/END

Superada la parte plana del corrin, llega el momento de iniciar el ascenso al cerro, justo cuando el reloj acaricia las 6:00 a.m. El principio no parece complicado, es un camino de tierra en el que pueden trotar hasta 4 personas sin problema, pero tras unos 500 metros, el camino se hace angosto y la inclinación es mayor.

Ahora sí empieza la parte más difícil de la carrera. Su amigo, Jeffrey, encabeza la marcha, Félix va detrás porque el camino ahora es angostito, no caben dos juntos. El terreno es terrible, hay muchas piedras y algunos troncos, que para superarlos hay que saltar o pasar por debajo de ellos.

“Lo más complicado de subir el cerro es la altura, sentís que se te va a salir el corazón. Desde que comencé a correr en este lugar mejoré mis condiciones físicas, tanto que empecé a noquear más seguido”, afirma el campeón.

En 45 minutos, Félix y su amigo llegan a la primera estación amplia y plana del cerro. A unos 400 metros se encuentra la cúspide, pero en esta ocasión Alvarado decide no avanzar más. La vista panorámica es espectacular, se alcanza a ver la ciudad de Ticuantepe, la laguna de Masaya y por supuesto, a lo lejos, Managua.

El pugilista se enfunda una camiseta blanca con el logo de un patrocinador. Orlando Valenzuela/END

Desayuna tortilla con queso

El descenso del cerro es un poco más rápido, de menos exigencia física, pero de mayor riesgo. El periodista que escribe esta crónica se cayó cuatro veces.

En el trayecto de regreso a casa, el fotógrafo Orlando Valenzuela le ofrece una tortilla con queso al campeón. Félix no duda en aceptarla y asegura que “el que no ha comido tortilla con queso no es nica”.

De regreso a casa y acercándose a las 8:00 a.m., el campeón se va a dar un baño.

Tiene dos compromisos urgentes que cumplir antes de mediodía. El primero es ir a traer a su cuñada, Ana María Morales, al barrio Reparto Shick.

“Debido a que mi esposa recién dio a luz, su hermana nos está apoyando en la casa, viene tres veces por semana”, explica.

Alvarado se alista. Viste de buzo azul, camiseta blanca y unos tenis color rosa, similares a los que usan los jugadores de baloncesto. Nada ostentoso. Sube a su camioneta y sale desde Ticuantepe al barrio Reparto Shick en busca de su cuñada. Le sube el volumen al radio CD del vehículo y cuenta un poco de sus gustos musicales.

30 Años es la edad  de Félix Alvarado, quien es casado y tiene dos hijos. Orlando Valenzuela/END

“Me gusta de todo, pero principalmente la música clásica: José José, Raphael, etcétera. También la banda Queen ¡qué clase voz la de ese maje!”, exclama, refiriéndose al grandioso vocalista, Freddie Mercury.

Félix Alvarado apenas tiene 30 años, pero su gusto musical, como él mismo plantea, está clavado en los años 70 y 80.

Después de trasladarse de Ticuantepe al Reparto Schick, Félix recoge a su cuñada. De inmediato decide ir al mercado Oriental para cumplir de una sola vez su segundo compromiso.

Alvarado se dirige al negocio de uno de sus principales patrocinadores. “Voy a traer un cheque del patrocinio, después iré a almorzar, descansaré e iré a entrenar por la tarde al gimnasio”.

Félix, el cantante

Mientras espera a su patrocinador un tiempo mayor al acostumbrado, Félix es convencido de participar en un karaoke improvisado.

“Quiero dedicar esta canción a mi esposa y a todas las mujeres que aguantan a los hombres, se lo merecen”, dice.

Al terminar de cantar, Alvarado dejó claro que hizo bien dedicándose al boxeo y no a la música.

34 Victorias (30 nocauts) y 2 derrotas es la foja de “El Gemelo” en el boxeo profesional. Orlando Valenzuela/END

A eso de las 11:00 a.m., Alvarado está de regreso en su casa y orgulloso le muestra a Clara, su esposa, el video de él cantando.

“Amor, te dediqué esta canción en el mercado”. Ella ve el video y sonríe. “Mirá a tu papá, Chelsea”, expresa. Nada más.

Mateo, el heredero

Poco tiempo después, en el cuarto se escucha el llanto de Félix Mateo. Alvarado carga a su bebé y se sienta en el sofá de la sala. “Este niño tiene que boxear. Espero que le guste, él tiene que seguir la dinastía de los Alvarado”.

Félix le entrega el bebé a su mamá y toma el control de un Play Station 2. Juega por algunos minutos y luego toma su celular, aparato en el que guarda con mucho celo el video de su coronación en Filipinas.

Muestra el séptimo y el último asalto del combate, relatando cómo vivió el nocaut que lo llevó a convertirse en campeón del mundo.

“Petalcorin estaba sobreviviendo, lo afecté bastante con el gancho de izquierda. Después de la primera caída, le repetí el gancho, faltaba mucho tiempo al round. En la segunda caída dijo que no quería seguir. Cuando pararon la pelea lo primero que quería era abrazar a mi viejito, Luis Cortés”, relata.

108 Libras  es la categoría en la que se coronó Félix como campeón de la FIB. Orlando Valenzuela/END

Tras el almuerzo, que consistió en un servicio de fajitas de pollo con remolachas, zanahorias y ensalada de tomate, Félix se pone ropa para entrenar y a las 2:30 p.m. llega al Centro Supremo de Entrenamiento, donde dirige durante una hora la sesión de guanteo de su amigo Jaffrey con otro boxeador.

Cerca de las 3:30, Alvarado comienza su rutina física de una hora. En ese tiempo trabaja sentadillas con barra y salto, 4 series de ranita, 3 de desplante con la barra, combinándola con cuatro vueltas de sprint, para mejorar su explosividad, según dicen sus entrenadores. Culmina haciendo un poco de bicicleta y remo para fortalecer su espalda.

Así termina su día de entrenamiento el actual campeón de las 108 libras de la FIB. Sale del gimnasio y se monta en su camioneta. Regresa a su casa, donde le espera una jornada familiar.

“Ahora paso más tiempo con mi familia, ellos son todo para mí”, dice el único monarca nicaragüense de la actualidad.