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¡Qué emocionante fue este duelo, tal como lo esperábamos! Ya pasó la tempestad provocada por este Barcelona grandioso, audaz y genial, dejando en la cancha del Olímpico de Roma el cadáver deshilachado del poderoso Manchester.

Concretado ese brillante 2-0 edificado con los goles de Eto’o y Messi, exhibiendo el uno su furia y el otro su destreza --incluso con la cabeza--, podemos hacer regresar nuestro sistema nervioso al punto de equilibrio, dejar de masticar uñas, cruzar dedos, calmarnos y disfrutar con el repaso de las imágenes.

La lección que dio el Barcelona después de sobrevivir a la intensa presión a que fue sometido durante los primeros nueve minutos fue por momentos deslumbrante. Esa malicia en la concepción y fineza en la ejecución, para convertir lo teórico en práctica eficaz hasta llevar la acción a un trance de encumbramiento, demostró que el Barcelona no sólo es el único equipo capaz de amargar a los ingleses, sino que es el mejor del mundo.

¿Alguien se percató de las ausencias de Márquez, Abidal y Alves? La importancia de cada uno de ellos es obvia, pero una vez que el gol de Eto’o, quebrando a un mastín habitualmente implacable e impecable como Vidic, y desajustando los reflejos de Van Der Sar, metiendo esa pelota junto al poste derecho, cambió bruscamente el juego, el ataque del Manchester se vio controlado por una defensa autoritaria.

¿Qué fue el ataque inglés? Casi nada. Rooney bien apretado, Park deambulando pese a conseguir dos buenas posibilidades, y Cristiano recortado drásticamente en su ímpetu. La serena precisión y gran confianza de Piqué se juntó con la fiereza del inagotable Puyol, la solvencia que consiguió Touré y el cumplimiento de Sylvinho. La impresión del inicio de juego, con la defensa azulgrana estremecida, fue borrada rápidamente, y su crecimiento permitió levantar una muralla que hizo rebotar todos los intentos de resurgimiento del Manchester.

El gol de Messi, en el minuto 70, sorprendentemente de cabeza, saltando, contorsionándose y cambiando de dirección ese centro dibujado por Xavi desde la derecha, clavando el balón en la escuadra superior izquierda de la cabaña defendida por Van Der Sar, dejó al Manchester con la guardia abajo y la cabeza gacha.

La batalla en el centro del campo fue dominada plenamente por Xavi e Iniesta, quienes interceptando, anticipando, consiguiendo conexión constante con los hombres de vanguardia, garantizando el manejo de la pelota, la fabricación de espacios y el sostenimiento de la presión, engrandecieron esa victoria que pudo ser más amplia. No podemos decir que fue uno de los mejores partidos de Xavi, porque casi siempre registra comportamientos como ese, pero su incidencia fue mayúscula.

¡Ah, si Henry concreta aquella entrada a fondo; si el cabezazo y la filtración de Puyol en dos estupendas opciones no son resueltas por Van Der Sar; si el poste no regresa ese cañonazo de Xavi cobrando un tiro libre; si la penetración de Messi con excelente perfil no es milagrosamente congelada; y si el desborde de Iniesta desequilibrando a los centrales ingleses termina de ser dibujado, el Barcelona podría haber asombrado también en las cifras!
Pero no era necesario. Su superioridad fue incuestionable.