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De pronto, todo cambió. Al entrar el duelo Cavaliers-Magic a su último cuarto, el futuro estaba en el aire revoloteando confusamente, con las esperanzas de Cleveland dramáticamente rasgadas, cuando “El Monstruo” LeBron James, limitado a sólo 20 puntos en los primeros tres períodos, hizo explosión ruidosamente y metió al Magic de entre las ruinas, empujando a su equipo hacia una victoria por 112-102, tan útil como una transfusión de sangre contrarreloj evitando una muerte.

Ahora la serie por el banderín del Este se encuentra 3-2, siempre del lado de Orlando, pero que peligroso es facilitarle respiro a la fiera. Eso le inyecta mayúsculo interés al sexto juego, después que los 17 puntos de LeBron en los últimos diez minutos decidieron la batalla. Agreguen su aporte de 14 rebotes.

¡Qué despegue el de los Cavaliers! Construyeron una ventaja de 17 puntos (35-18), dejando al Magic sin aliento. Bueno, eso creímos, porque no teníamos la menor idea del contragolpe espectacular realizado por Orlando en el segundo período con Howard y Turkoglu en pleno crecimiento, imponiéndose por 16 puntos (37-21), y reduciendo a sólo una nariz la diferencia en la pizarra, 56-55, a favor de la preocupada tropa de LeBron, quien trataba de multiplicarse mientras veía cómo su producción era sujetada.

El tercer cuarto fue muy tenso, con los dos equipos moviéndose en la hamaca de la inseguridad afectados por la presión. Se impuso Orlando 24-22 y volteó el marcador por apenas un punto (79-78), con los últimos 12 minutos pendientes y el rancho ardiendo.

¿Qué nos ofrecería el último período con Cleveland intentado aferrarse a la posibilidad de sobrevivir para forzar un sexto juego, y Orlando buscando cómo asestar la estocada mortal? Con esa intriga viajando a bordo del Expreso de Oriente, se puso en juego el balón, y más pronto de lo previsto, los Cavaliers se despegaron, y se escaparon, terminando con cinco empates que se registraron en este último período, manteniendo de pie a la multitud, hasta concretar la urgente y revitalizante victoria.