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Cuando tenía 12 años, Kevin Traña comenzó a boxear. Según recuerda, se apasionó por este deporte viendo a su amigo de infancia Byron López, un pugilista amateur que solía entrenar en un gimnasio de Masaya.

Al principio, sus progenitores, Martha Lorena Duarte y Humberto Traña, no estaban de acuerdo con su decisión de convertirse en boxeador. “Ellos me veían desgastado físicamente, sobre todo por mi sacrificio para marcar el peso. Al inicio fue difícil que aceptaran mi postura, pero ahora me apoyan”, relata, quien durante las mañanas se quita los guantes para entregarse de lleno a la zapatería, el oficio que aprendió de su padre.

Traña tiene 24 años, nació en Masaya y creció en el reparto Sacuanjoche de la misma ciudad. De niño no tuvo lujos, pero jamás le faltó el alimento y menos una educación basada en altos principios. “Mis padres me han enseñado el valor de ganarme las cosas con sacrificio, me enseñaron valores y humildad”, cuenta con el pecho hinchado de orgullo.

La mitad de su vida Traña la ha dedicado al boxeo y a la zapatería, un oficio que su papá, don Humberto, no quería enseñarle, pues soñaba con ver al mayor de sus cuatro hijos convertido en un profesional. “Mi papá quería que fuese un médico, pero dejé la escuela cuando estaba en segundo año de secundaria, tenía 14 años en ese momento”, explica.

Objetivo profesional

“Fue una mala decisión, no quería estudiar, no sé, quizás lo hice por pura vagancia. Ahora retomé las clases y planeo bachillerarme en dos ciclos. Actualmente curso primero, segundo y tercer año al mismo tiempo, en la escuela Ulises Tapia, de Nindirí. Estoy poniendo mi máximo empeño. Más adelante quiero cursar una carrera corta, ya sea de inglés o Licenciatura en Deportes, algo que también me dé tiempo para dedicarme al boxeo”, asegura.

Eso sí, al muchacho le enorgullece decir que todo lo que ha cosechado hasta el momento como boxeador, le costó sudor y lágrimas. Basta con conocer su rutina diaria para despertar admiración y motivación. Traña sale a correr a las 5:00 a.m. por la pista principal de Masaya y regresa a casa a las 7:00 a.m. Una hora más tarde, en sus manos sostiene un martillo, un potecito con pega y varios materiales de cuero con el que comienza sus labores diarias en la zapatería de su padre. A la 1:00 p.m. se marcha a Nindirí a entrenar con Albert Vásquez, regresa a casa a las 4:30 p.m., y si hay trabajo pendiente, se sienta en una de las mesas para ayudar a don Humberto en el negocio familiar.

En la zapatería de los Traña, cuya fundación ocurrió hace 8 años con el fin de elaborar y distribuir todo tipo de zapatos, Kevin ocupa el rol de alistador de calzado, lo que significa que es el encargado de darle el diseño o estilo a cada zapato.

Novato del año

Este joven de 1.63 metros de altura, piel morena, cabello y ojos oscuros, nariz pronunciada y una sonrisa sincera, salió del anonimato después de protagonizar una brillante pelea con Winston Guerrero, el 26 de enero de 2019. Perdió por decisión dividida en una batalla muy cerrada, que resultó en polémica por el fallo de los jueces. Algunos aficionados que asistieron esa noche a Baco Discoteca en Managua le vieron ganar, incluyendo el campeón del mundo Félix “El Gemelo” Alvarado. Otro grupo consideró que perdió y la mayoría creyó que el empate era lo más conveniente para ambos prospectos que expusieron su invicto.

Esa fue la primera derrota de Traña como boxeador profesional, pero ganó proyección y credibilidad. En el 2018, su año de debut, cosechó 6 victorias y 2 empates. Esos números le valieron para que la Comisión Nicaragüense de Boxeo Profesional (Conibop) le otorgara al premio de Novato del año. No hubo otro pugilista que le superara, simplemente fue el mejor. Su  reconocimiento se lo entregó el tetracampeón del mundo Román “Chocolatito” González, en una gala celebrada en un hotel capitalino. “Ese episodio lo tomé como un mensaje del cielo”, asegura.

Traña creció viendo los combates del “Chocolatito”. “Mi papá me levantaba de madrugada cuando Román peleaba en Japón. Miraba que ganaba y ganaba, entonces todos los días me levanto pensando ´tengo que ser mejor que alguien´”. González fue su referencia boxística, no obstante, su modelo a seguir es Félix Alvarado.

Kevin Traña, el joven que durante el día es zapatero y por las noches es boxeador, tiene la disciplina y el talento de un campeón. Haxel Murillo/END

Al hablar de Alvarado, los ojos de Traña se iluminan de emoción. Él se ve reflejado en el campeón mundial 108 libras de la Federación Internacional de Boxeo (FIB). “Si me preguntan cómo quién quiero ser, sin duda respondería que como Félix Alvarado. Su forma de ser es única, es un monarca humilde, no es como otros campeones que apenas ganan un título se creen intocables. Él no se olvida de dónde salió, él también fue pobre, pero con su esfuerzo ha logrado obtener lo que desea, ubicando a Nicaragua en lo más alto”.

Sueño cumplido: la selección

Antes de dar el salto profesional, Traña batalló 6 años para ser parte de la Selección Nacional de Boxeo. “En el 2016, después de ganar la Copa Alexis Argüello en la categoría de los 52 kilogramos, logré el sueño de ingresar a la Selección Nacional. No estuve mucho tiempo, pero me sentí satisfecho, conseguí triunfos importantes como por ejemplo los dos ante el tico David Jiménez”, afirma.

Después de 190 combates en amateur, en los que ganó 175 y perdió solamente 15, Traña saltó al profesionalismo el 26 de enero de 2018, empatando con Jonathan Blas en el Puerto Salvador Allende. Debutó con el entrenador Leo Muñoz, pero a partir de la cuarta pelea, Albert Vásquez tomó las riendas de su esquina. Con Vásquez, Traña trabaja desde el 2013 en el gimnasio de Nindirí. Es el entrenador a quien más respeta, admira y el que le ha explotado sus virtudes físicas y técnicas.

Aunque la carrera de Traña apenas está comenzando, el muchacho tiene las metas bien claras. Dice que en algún momento le gustaría pelear con el “Chocolatito” o al menos guantear con él. Lo mismo quisiera hacer con Félix Alvarado, su modelo a seguir.

“Él es el campeón”

Cada noche, antes de irse a dormir, Kevin reflexiona sobre lo que hizo bien y mal en el entrenamiento del día. Piensa en los ajustes que debe hacer para mejorar y arma en su imaginación el capítulo de su historia en que se corona campeón mundial.

Kevin Traña, el joven que durante el día es zapatero y por las noches es boxeador, tiene la disciplina y el talento de un campeón. Haxel Murillo/END

“Por las noches me imagino peleando título del mundo, batallando 12 rounds como todo un guerrero y ganando la corona. Mi sueño es que digan: ‘Él es el campeón’. Trabajo duro todos los días, trato de esforzarme para estar bien física y emocionalmente. Mi sueño es convertirme en campeón del mundo, para dejar mi nombre en la historia de Nicaragua y para con el dinero que gane remodelar la casa de mis padres.

Kevin Traña, el joven que durante el día es zapatero y por las noches es boxeador, tiene la disciplina y el talento de un campeón. De tal manera que de mantener su compromiso con los entrenamientos y la confianza en sí mismo, se le pronostica un futuro prometedor.