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En el cajón de bateo, haciendo swing con esa elegancia que identificaba a Joe Dimaggio y utilizando una estocada parecida a la de Tony Gwynn, las “muertes” y daños que provocó Ichiro Suzuki entre los lanzadores de Grandes Ligas fueron incontables.

Finalmente, a los 45 años, después de fallar 4 veces frente al picheo de los Atléticos de Oakland, el mosquetero japonés decide salir en paz, con 3,089 imparables, dejando dos récords quizás intocables: sus 262 imparables en el 2004, borrando un registro de 84 años en poder de George Sisler y las 10 temporadas consecutivas con más de 200 hits, entre su debut 2001 y el 2010…

Cuando Ichiro aterrizó en el aeropuerto de las Grandes Ligas, en el 2001, solo pretendía demostrar que también los bateadores japoneses podían brillar en ese beisbol tan exigente.

Llegó con unos antecedentes impresionantes, como haber sido líder de bateo a lo largo de siete temporadas consecutivas en su país, y sin embargo, no podía escapar al verse envuelto en una incertidumbre hasta cierto punto natural. La gran intriga era: ¿Podría ser tan bueno frente a un picheo tan fiero?, se despejó rápidamente.

¡Qué clase de explosión!

Vaya manera de debutar amigos. No quedó piedra sobre piedra. Ichiro disparó 242 hits, récord para un debutante y se coronó campeón de bateo con 350 puntos, agregando 56 robos, cifra líder. Superó la llamada “picazón” del segundo año con 208 hits y 321 de porcentaje y continuó encendido en el 2003, disparando 212 hits mientras construía un average de 312 puntos.

No, no quedaba la menor duda. Ichiro era un super-bateador, aquí y en la luna.  El 23 de julio del 2012 en Seattle, el territorio de toda su vida como big leaguer, el japonés Ichiro Suzuki cambió de dogout y de uniforme.

El público que se emocionó con sus ejecutorias ovacionándolo incansablemente durante once temporadas y media, se resistía a creerlo, pero estaba ocurriendo. Fue como ver salir a Pete Rose de Cincinnati.

Esa noche, Ichiro se convirtió en un yanqui. Sin duda, un buen momento porque mientras los Marineros tenían “olor” a escombros, en tanto los de Nueva York intentaban fortalecer su pretensión de siempre: viajar a los Play Offs.

¿Por qué con seattle?

Ichiro prefirió firmar con Seattle porque era la sede de la fábrica japonesa Nintendo, y la población de ojos horizontales estaba multiplicada. La agitación en las tribunas durante cada uno de sus turnos al bate lo convirtieron en la máxima estrella en casa. Ichiro era la anticipación antes de la tormenta. Su comienzo con los Marineros de Seattle fue casi mítico.  Todos se referían a él.

Daba la impresión de ser una versión Japonesa de “El Natural”. De él se dijo que bateaba como Rod Carew, que tenía el control de bate de Tony Gwynn y era un estudioso del juego como Ted Williams.

Que bateaba todo tipo de lanzamientos, casi siempre hacia los huecos y el picheo adentro no lo incomodaba golpeando con naturalidad hacia la derecha. Se agregaba en los elogios, que en los bosques era capaz de aproximarse en disparo a Roberto Clemente, correr como Lou Brock y hacer atrapadas como Ken Griffey.

¿Se imaginan todo eso junto en el mismo pelotero? Eso sí, carecía de poder y capacidad de producción, pero ¡qué importaba no ser una aproximación de Alex Rodríguez!

No más cohetes

Después de 3,089 imparables a lo largo de 18 temporadas, el artillero japonés fuera de serie sale del escenario. Si agregamos los 1,278 hits logrados en Japón, Ichiro registra un total de 4,327 en su trayectoria, superando los 4,256 de Pete Rose.

En cierto momento, llegué a pensar que el fuego que Ichiro Suzuki trajo desde Japón a las Grandes Ligas en el 2001, no se apagaría nunca. ¡Qué ingenuo! A mi edad, navegando entre la fantasía, estaba volviendo a ser un niño, aquel creyente en la existencia de Superman o de Charles Atlas como en el famoso cuento de Sergio Ramírez.

De pronto, salgo de la esfera de la ficción como ha ocurrido en la política criolla y aterrizo en la realidad. No, Ichiro no era inagotable. Tan obvio como que el 70 por ciento de apoyo ciudadano no era cierto.

Hasta que dijo ¡no más! dejando un recuerdo imperecedero con cifras que seguirán danzando, agrandando miradas, agitando corazones y provocando asombro…Lamentablemente para las legiones de aficionados que tiene el beisbol, el bateador de 3,089 imparables, capaz de debutar obteniendo los reconocimientos como Novato del Año y Más Valioso, y quien permaneció brillando tanto tiempo, se ha apagado.