Edgard Tijerino
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¿Cuál fue el mejor gol de esta Champions? Menuda pregunta que obliga a mayúsculas valoraciones, pequeña intriga con grandes implicaciones, corta ecuación necesitada de extensos artificios en busca de la respuesta.

Rápidamente salta a la vista, por su precisión en el rápido trazado geométrico, taponazo espectacular, dramatismo y significado, el zapatazo de Andrés Iniesta contra el Chelsea. No hay mejor ocurrencia, ni más justa. De eso, estamos tan claros, como de los síntomas inequívocos de dictadura en este desventurado país.

Pero, ¿qué hay del gol conseguido por Michael Essien en ese mismo juego? Inolvidable y posiblemente irrepetible, por su grado de dificultad, certeza en la ejecución y explosividad.

Hay que coincidir en que los dos goles fueron majestuosos. A los nueve minutos, Lampard por la izquierda dispara en busca de las redes que defiende Valdés, y el balón que rebota en Touré, se eleva caprichosamente describiendo una parábola difícilmente descifrable. Cayendo el balón como zanate derribado, es golpeado magistral y violentamente de volea por el empeine zurdo de Essien. Un rayo desde afuera del área que pegó en el horizontal y se clavó como un arponazo para el 1-0 a favor del Chelsea.

Y al final, moviéndose el reloj hacia el minuto 93, el de Iniesta: la pelota es recibida por el hasta entonces oscurecido Messi en el sector izquierdo, con toda la zaga del Chelsea replegada. La entrega inmediata, horizontal y limpia del argentino, la entrada de Iniesta, y su derechazo enmudecedor, luminoso y letal. ¡Cómo se escuchó el crujir de huesos, el aullido de pulmones y los retumbos de corazones! Iniestazo, lo calificaron medios europeos.

¿Y detrás? El de Adebayor, atacante del Arsenal, contra el Villarreal en cuartos de final. Ocurrió en el minuto 65, y fue una joya sacada de las vitrinas de Tiffanys: Cesc envía una pelota larga hacia Adebayor, que se interna en la zona roja. La recepción es magistral, con el pecho, de espaldas al arco iris, y de inmediato aparece el acróbata que se esconde en el africano tendiéndose en el aire, y realizando un tijeretazo, mete la pelota junto al poste izquierdo de Diego López.

El sorprendente, nítido y mortífero cabezazo de Lionel Messi en la final, enderezando ese pase largo de Xavi desde la derecha. ¡Cómo juntó el genial argentino, destapado por la izquierda, resorteo, elevación, sincronización en movimientos de piernas, cintura y cuello, para empujar esa pelota a las redes de Van Der Sar!
Y el quinto, de Cristiano Ronaldo. No su taponazo de derecha contra el Porto, golpeando al planeta entre las cejas, sino el logrado contra el Arsenal en la segunda batalla. El propio Ronaldo inició la maniobra con una entrega de taco para Park, quien de inmediato abrió para Rooney por la izquierda. Sobre la llegada de dos defensas, Rooney envió rápidamente hacia el centro, entrando Cristiano como una ráfaga, y resolviendo con un cañonazo de derecha, rompe-redes. Un acordeón escalofriante.

Hay más, muchos más, para todos los gustos, pero me quedo con esos cinco impactos, asombrado por el de Iniesta, y deslumbrado por el de Essien.