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A sus 21 años, Melvin López es un joven boxeador que ha tenido una carrera prominente. Está invicto con 19-0 (10 nocauts), es campeón NABA de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) y ocupa el puesto 5 del ranking en las 118 libras. Actualmente reside en Miami, tiene a uno de los mejores managers como es el caso de William Ramírez y cuenta con el respaldo del entrenador cubano Osmiri “Moro” Fernández.

Pero no todo ha sido bueno en la historia de novel pugilista, pues la vida le ha conectado un par de golpes durísimos en menos de 2 años. En términos boxísticos se podría decir que soportó un gancho al hígado y después un cruzado al mentón, cayendo a la lona de la tristeza en dos ocasiones. El 27 de octubre de 2017 “Melo” perdió a su hijo de apenas tres días de nacido; y recientemente, el 27 de enero de este año, su papá, Mario Ramón López, de 57 años, falleció producto de un paro cardíaco, precedido de una insuficiencia renal crónica con la que batalló por varios meses.

“Aún no lo asimilo”

“Hasta el día de hoy no he asimilado la pérdida de mi padre. Pero como él me enseñó, tengo que ser realista y aceptar que la vida sigue. Siempre pienso que estoy con él, que me está viendo, entonces le echo ganas para lograr lo que él quería: verme campeón. Ahora solo tengo a mi madre, Ana Estrada, quien es la razón por la que ahora debo avanzar en el boxeo”, relata López. 

“Lo de mi hijo también fue complicado. Esos dos golpes han sido los más duros en mi vida. Mi esposa Estrellita se puso grave, tenía 6 meses de embarazo cuando le dio preeclampsia (complicación del embarazo potencialmente severa, caracterizada por una presión arterial elevada). Los médicos la daban por muerta y también al bebé, sin embargo, los doctores intervinieron y ambos salieron bien. El bebé nació y estuvo en la incubadora, pero al tercer día falleció”, cuenta.

A pesar de las fuertes arremetidas de la vida, que lo han llevado a estar emocionalente contra las cuerdas, Melvin no ha dejado de luchar por el sueño de ser campeón mundial. La inspiración la encuentra en las palabras que le dio su padre antes de morir: “entrená, cuidate, enfocate, yo estoy bien, luchando por vos y por todos”. Cada día, López parece escuchar la voz de su progenitor, y entonces tiene fuerzas para seguir fajándose ante los duros golpes de la vida.