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Madrid

El Atlético ha entrado como un cohete en la Liga de Campeones. Lo ha hecho a lo bestia, encadenando seis jornadas de gloria, las seis resueltas con victorias, derrumbando a sus más ilustres rivales, el último fue el Almería al que venció 3-0 con anotaciones del Kun Agüero, Raúl García y el mejor de la liga, Diego Forlán el pichichi, con 32 anotados.

El Atlético se presenta en el escaparate europeo por segundo año consecutivo, algo inédito en su historia. La derrota de Santander (5-1) hace siete jornadas amenazó con destruir al equipo, que se levantó de sus cenizas empujado por Forlán, convertido en el mesías de este grupo. El ánimo del uruguayo resultó contagioso.

Abel sacó del vestuario a alguno que otro elemento dañino y el grupo fue engordando en autoestima y, aunque, sin exagerar, en fútbol. Puso la directa, encadenó victoria tras victoria y se encontró ayer, en su casa, al abrigo de su (ahora sí) entregada afición, con una oportunidad única: la de certificar su presencia entre los grandes de Europa, una quimera hace unas semanas. Certificada está.

Durante las últimas semanas, los focos han iluminado en exclusiva al uruguayo, máximo culpable de que el Atlético haya firmado una racha maravillosa. Como la suya, logrando goles en las últimas ocho jornadas, 12 del total de 32 que le han dado el Pichichi, la Bota de Oro y cuanto trofeo premie al mejor goleador del planeta. Pero ayer su socio, el Kun Agüero, exigió su sitio bajo los focos.

Tardaba el Atlético en dar con la tecla, ansioso como estaba por llegar cuanto antes al área rival, sin capacidad para la elaboración, cuando el balón le llegó al argentino, en la banda derecha, por donde progresó. Quiso centrar, pero su envío golpeó en Pellerano. El rebote volvió a sus pies y en ese momento el Kun imaginó una obra maestra. Y la ejecutó. Regateó con el pie derecho hacia fuera, no vio hueco; lo hizo con el izquierdo hacia dentro, y ante él seguía el defensa; repitió con el derecho, con un toque más largo y entonces vio el agujero: con su zurda, desde fuera del área, inventó un zapatazo que Alves vio cuando la grada ya tronaba.

El gol disparó las ganas del Atlético, donde Assunção dio inicio a su habitual maratón. Una falta ladeada permitió a Maxi ponerla en el área, donde en el palo más lejano apareció, imparable, Raúl García, que cabeceó a gol. Era el segundo, el que dinamitaba cualquier duda que pudiera entrarle a un equipo, el Atlético, sobrado de ellas.

Pero no ayer. Porque este Atlético es capaz de todo, incluso de esconder sus limitaciones. Suyo era el dominio, aunque tímido, y ahí andaba Forlán, como un depredador, esperando su momento. Lo intentó con una chilena que rebotó en la calva de un defensa y se fue afuera. El Almería amenazó tímidamente con una arrancada de Negredo, que fue a resbalarse justo cuando encaraba a Leo Franco. Y a la vuelta del descanso ocurrió lo inevitable. El balón le llegó a Forlán, escorado a la izquierda, una memez para él, que preparó su zurda, a casi 30 metros de la portería, una minucia para él, Y lanzó el pelotazo abajo, para que el césped lo escupiera y lo acelerara. Obediente, el balón salió lanzado y esquivó la estirada de Alves, el gol 32, superando por dos a Samuel Eto’o, quien hizo uno ayer en el empate 1-1 del Barcelona con el Deportivo.