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Ricardo “El Matador” Mayorga, un boxeador que emergió de la pobreza y casi de forma inesperada saltó al estrellato mundial, pudo haber peleado por última vez el pasado 6 de abril en Guatemala, donde el joven debutante Lester Martínez lo noqueó en apenas dos asaltos. Él dice que hará dos peleas más antes de retirarse, pero sabe muy bien que no tiene más opción que colgar los guantes. A los 46 años su cuerpo no da para más y debe decir adiós al boxeo, poniéndole fin a una carrera  marcada por victorias memorables, derrotas humillantes, acciones controversiales y una extravagante forma de promocionar combates. 

Mayorga marcó un antes y un después en el boxeo de Nicaragua. Odiado por muchos y querido por otros tantos, “el loco”, como se le conoce popularmente, tiene un lugar reservado entre los mejores deportistas del país, y hasta se le debe ir haciendo un espacio en el Salón de la Fama del Deportes Nicaragüense. 

 Lester Martínez lo noqueó en apenas dos asaltos.  Archivo/END

Los dos títulos mundiales que conquistó en diferentes categorías, 147 y 154 libras, lo ubican en el top 5 de los mejores púgiles de la historia del país. Alexis Argüello encabeza la lista, seguido por Román “Chocolatito” González, Rosendo Álvarez, el propio Mayorga y Luis Pérez.

De todos ellos, Mayorga fue el número uno en el show mediático. Nadie mejor que él para vender sus combates donde sea y ante el rival que fuera. De su carrera serán inolvidables los dos triunfos contra el fallecido Vernon Forrest, considerado el mejor del mundo libra por libra en ese momento, también la victoria sobre Fernando Vargas; y por supuesto, su coronación ante Andrew Lewis. Obviamente nadie dejará en el olvido las derrotas que sufrió ante Óscar de la Hoya, Félix “Tito” Trinidad, Shane Mosley y Miguel Cotto. 

Una existencia agitada

Lastimosamente los excesos fuera del ring deterioraron su carrera hasta hundirlo en una lamentable inestabilidad económica. Por su mala administración de las ganancias obtenidas en sus mejores años en el boxeo profesional es que ha terminado peleando aun cuando su cuerpo no tiene nada que ofrecer. Es incomprensible que un pugilista que se embolsó casi dos millones de dólares en una sola pelea (ante Óscar de la Hoya), ahora esté arriesgando su vida por 8 mil dólares, que fue el pago que recibió en Guatemala por meterse en el ring ante un boxeador mucho más joven que él. 

Ahora que no tiene otra opción más que el retiro, Mayorga con su carrera deja un par de lecciones, siendo la principal de ellas, lo que no debe hacerse cuando se ha llegado a la cima. Estando en lo más alto, él prefirió darle riendas sueltas a los vicios, la indisciplina y el despilfarro del dinero, conduciéndose a un final tan trágico como del que ahora somos testigos. Ojalá reflexione a tiempo y no siga peleando, porque de continuar negándose al retiro, su desenlace podría ser peor. 

Como persona, al margen del hombre controversial que se presentaba en las conferencias, es un tipo apegado a su familia, capaz de dar su vida por cada uno de ellos. Ese es Mayorga, un loco como lo describe el entrenador mexicano Nacho Beristáin, Un personaje que se ganó un nombre en el extranjero y un lugar en la historia de Nicaragua, así como el amor y el odio de miles de fanáticos. De principio a fin fue un púgil polémico.