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En la vida, todos tenemos que tomar decisiones de alto riesgo como la de Julio César al cruzar el río Rubicón y sufrir como Napoleón en Waterloo. Ahora lo sabe muy bien LeBron James, quien descartó la oportunidad de saltar a un equipo competidor, con factor de seguridad para estar en los Play Off, para firmar con los Lakers y ser guía de un puñado de prospectos valiosos como Brandon Ingram de 22 años, Kyle Kuzma de 23, Lonzo Ball de 21, Ibica Zubac de 22, y Josh Hart de 24. ¿Cómo adaptarse a una nueva forma de ejercer su liderazgo después de haber sido Campeón de la NBA con el Heat y los Cavaliers? Quizás el atrevimiento de LeBron obedeció al recuerdo de haber llevado a una final a aquellos desconocidos Cavaliers del 2007, que fueron barridos por los formidables Spurs. Estos Lakers “modelo” 2018-2019 mostraban un gran potencial con tantos chavalos en proyección, aunque por precaución, James recomendó la incorporación de algunos veteranos en busca de un balance necesario.

Lesión corta impulso

Los Lakers arrancaron mal perdiendo consecutivamente ante Portland, Houston y San Antonio, pero comenzaron a enderezarse sin ningún alarde con “El profesor” James dentro de la cancha, tratando de orientar a la chavalada, una gestión sin precedentes para un superastro porque implicaba sacrificar cifras a cambio del crecimiento de los jóvenes compañeros. En cierto momento del mes de noviembre, los Lakers ganaron 7 de 8 juegos, lanzando una advertencia. Precisamente cuando el equipo estaba entrando en un ritmo estable y durante la batalla ganada a los Warriors el 25 de diciembre 127-101 con LeBron tomando rebotes y entregando asistencias para el canasteo de Kuzma, Zubac, Ingram y Hart, pensando en todo el tiempo que quedaba para buscar un lugar en los Play Off, el “Monstruo” se lesiona y pierde 18 juegos. Ese fue un trayecto muy largo y crucial para un equipo en formación, sin contar con su líder. Y ocurrió lo inevitable: los Lakers se hundieron, y al regresar James, no lograron reencontrar la forma de funcionar como competidores.

Pese a todo, buenas cifras

Entre la frustración por haberse quedado corto frente al reto asumido, la grandeza de James no quedó lesionada. Reducido drásticamente a 55 de los 82 juegos, LeBron registró un promedio de 27.4 puntos, mejor que varias de sus temporadas con el Heat y los Cavaliers. Un año atrás, registró 27.5 antes de llevar a los de Cleveland, a otra final. Sus 8.5 en rebotes y 8.3 en asistencias, aún concentrado en la tarea de hacer funcionar a los jóvenes leones, que todavía son Simba, no Mufasa, indican que pese a esa montaña de dificultades en un año amargo, LeBron, con la mayor cantidad de votos para el Juego de Estrellas, conservó el respeto como el mejor jugador de la NBA aunque haya quedado fuera de todo, incluyendo el quinteto ideal en vista de las actuaciones cumbres de Harden, Curry, Embiid, Antetukounmpo, Westbrook, Durant, George y otros.

Se queda James en casa después de ver cortarse tres grandes rachas: ocho finales consecutivas; trece apariciones en Play Off y 15 años sin lesionarse. ¡Ni modo!. Atravesó su Ru
bicón y encontró su Waterloo.