Edgard Tijerino
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dplay@ibw.com.ni
Veintisiete años después, frente a un pelotón de oyentes que han crecido escuchando Doble Play, sigo recordando aquella llamada de Carlos Guadamuz desde su butaca como Director de La Voz de Nicaragua, proponiéndome hacer un programa deportivo lo más pronto posible.

Yo estaba empacando mis cosas para salir del Instituto de Deportes. Horas antes me habían pedido la renuncia y aunque mantenía los trabajos que nunca dejé en El Nuevo Diario, Barricada y en el Canal 6, Guadamuz, un amigo de largos años, me ofrecía regresar al dial de inmediato.

Fue así que nació Doble Play, un 2 de enero de 1981, con Enrique Armas, todavía un chavalo, durante una primera etapa extremadamente agitada y con un extraño formato que permitía hablar de cualquier cosa, incluidos chismes, precios del mercado, política y telenovelas. Un programa dizque de deportes, sin pies ni cabeza, buscando lo ameno. Un arroz con mango, como diría Argelio Córdoba.

Nos sorprendió la rapidez de su penetración. Como que la gente estaba a la espera de esa rareza. La parte seria deportiva, con detalles, cifras e investigaciones, la aseguraba Enrique, en tanto del resto del “indio viejo” me encargaba yo.

Después de nueve años en la Voz de Nicaragua, Doble Play pasó a Radio Ya, Radio 800, regresó a Radio Ya, estuvo en Radio 580, y finalmente, desde 1999, en Radio La Primerísima, aprovechando la paciencia que me tuvo William Grisby.

Han pasado tantos compañeros por Doble Play que la lista es larga, hasta desembocar en esta formidable combinación que tengo hoy, integrada por René Pineda y Miguel Mendoza, tan buena como la de Arnoldo Muñoz y Julio Medina, en el León y la Selección Nacional.

Hay momentos en que me pongo a escucharlos, y estoy convencido de que no hay mejor pareja manejando los hilos del interés en la audiencia. Con ellos, Doble Play no parece necesitar de Edgard Tijerino.

René es el analista. ¡Cómo ha crecido! Tiene una gran ventaja y es su dominio de diferentes deportes. Él puede abordar con autoridad todo lo del momento, tanto casero como externo, escarbando hasta los mínimos detalles. Y la facilidad con que lo hace.

Miguel es el reportero incansable y creativo. No tiene horario ni freno. Lo he visto dejar todo a cambio de conseguir una noticia y no perdona: lo que investiga y captura es publicable. Si le cierran puertas, se mete por la ventana o por la puerta del patio pero no se retira con las manos vacías.

Miguel y René realizando doble play de mil diferentes maneras. Ésa es la gran oferta del programa. Miguel está en todos lados y René es el que hunde el bisturí del análisis con precisión de cirujano.

Los quedo viendo y pienso: los chicos crecen y se convierten en imparables. Veintisiete años después, frente al pelotón de oyentes, siento un inmenso orgullo de contar con ellos.