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¿Un dirigente nica abriéndose paso en las esferas del fútbol internacional? Es una rareza, porque nuestro fútbol siempre ha sido pequeño, carente de incidencia, desprovisto de recursos. Vivimos en una zona futbolera, rodeados de países que tienen ese deporte como el principal, el que provoca pasiones desbordadas y obliga a fuertes inversiones. En cambio aquí, todo es reducido. Así ha sido desde siempre, y lo probable, es que siga siéndolo.

Julio Rocha tiene años de trabajar silenciosa y efectivamente en el territorio de la FIFA. Claro, se ha preparado y ha establecido las necesarias relaciones, pero lo fundamental en su avance personal como dirigente, ha sido saber hacerse notar en ese engranaje.

Habitual Comisario de partidos eliminatorios, tanto de Copas del Mundo como del torneo Olímpico, Rocha obtuvo una maestría en Administración Deportiva y varios diplomados en diferentes seminarios. Eso le facilitó convertirse en Director de cursos regionales, fortaleciendo su presencia con la doble tarea, sometida siempre a revisión por las autoridades superiores. Su más reciente trabajo fue en el juego México-Costa Rica.

Aprovechó cierta coyuntura, para convertirse en Presidente de la Uncaf. Su período fue calificado como correctamente manejado, con satisfacción de los países involucrados. Sus oficinas estaban en la ciudad de Guatemala.

Mereció reconocimientos de las Comisiones de la FIFA por la marcha del proyecto Gol en medio de las limitaciones imperantes, con el apoyo de un aporte de la FIFA, hecho igual en todos los países del área.

La gente de la Concacaf, lo metió el lunes al Salón de la Fama de esa organización. Obviamente Rocha no lo esperaba, pero en la evaluación de su trabajo en diferentes tareas, fue bien valorado, y ahora está junto con Havelange, Blatter, Cañedo, Soria Terrazas, y tantos otros dirigentes, en ese sitio en el que aterrizan los que han cultivado méritos.