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En el tercer set me pareció ver a Roger Federer deambulando en la cancha con su cabeza entre las manos, sin rumbo y sin fe. El alemán Tommy Haas lo había derrotado 7-6 y 7-5, y con el tercer set 4-4, tenía la pelota en su poder. ¿Qué podría hacer Federer a la orilla de la fosa, con sus piernas flaqueantes, frente a un adversario de saques tan violentos, en busca del remate?
La situación tan adversa para Federer me hizo recordar la del español Manuel Orantes retando el tenis versátil del zurdo argentino Guillermo Vilas en el Slam de Forest Hill, Nueva York, en 1975. Vilas ganaba 2-0 y tenía contra las cuerdas a Orantes en el tercer set, cuando el público se marchó para buscar otro tipo de distracción en Nueva York.

Orantes, increíblemente, se salió del hoyo ganándole tres sets seguidos a Vilas en semifinales, y horas después, domingo temprano, estaba derrotando a Jimmy Connors en una final brava.

Eso no va a suceder ahora, pensé frente al televisor. Sin embargo, Federer quebró el servicio de Haas, tomó ventaja 5-4, definió con su servicio para imponerse 6-4, y a partir de ese instante, no fue posible detenerlo.

Colocándose la cabeza en el lugar correcto, reabasteciendo su tanque de oxígeno, recuperando la lucidez, Federer arrolló a Haas 6-0 en el cuarto set, equilibrando la batalla, y se impuso 6-2 en el quinto, en un alarde pocas veces visto.

“Muerto” Novak Djokovic, “decapitado” el invencible Rafael Nadal, fuera de combate Verdasco y Tsonga, la eliminación de Federer hacía saltar en pedazos la cúpula del tenis mundial. ¿Cuándo fue la última vez que en un torneo de Grand Slam, los números 1, 2 y 3, fueron borrados de la competencia en octavos de final?
Cierto, quedaban Murray y Davyvenko, pero el espectáculo sufría un bajón de voltaje capaz de dejar a oscuras París o Las Vegas... Salvando su cabeza frente a Haas, Federer avanzó a cuartos de final, donde se encontrará con una fiera en ascenso, como lo es el francés Gael Monflis, vencedor de Andy Roddick.

Haas, de 31 años, en cierta ocasión, allá por 2002, un fugaz segundo jugador del ranking, se sintió ahogado por un alud. Tenía tan cerca la posibilidad de vencer y terminó viéndola tan lejos después del 0-6, que su frustración no podía ser descrita, en ningún idioma, de ninguna manera.

Dos grandes duelos hoy en cuartos de final: Murray contra el chileno Fernando González, y el sueco Soderling, verdugo de Nadal, fajándose con Nicolay Davydenko. Tomen asientos amigos.


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