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Hay que ser muy gallo para hacer una propuesta tan atrevida y sostenerla entre todos los riesgos, contra un golpeador capaz de domar el mármol a puñetazos, como lo es el tailandés Srisaket Sor Rungvisai, victimario sin piedad de nuestra figura cumbre Román “Chocolatito” González. Ha sido admirable lo realizado en ese pequeño infierno limitado por 16 cuerdas, por el púgil azteca Francisco Estrada, para arrebatarle el cinturón CMB de las 115 libras, al temido Rungvisai, y al mismo tiempo, proceder a un ajuste de cuentas en una esperada y exigida revancha con cierre electrizante. La decisión fue unánime y no dio margen para ser discutida. Dos jueces consideraron ganador al “Gallo” 115-113, y el otro, más aproximado a lo ocurrido, 116-112.

Un Gallo en ebullicón

El tailandés se vio reducido en su poder y precisión en capacidad de agresión, consecuencia de la llamativa mejoría del “Gallo”, después de un estudio pormenorizado de las fallas que le impidieron ir “más allá” en el primer combate durante una estrecha derrota y de aplicar apropiadamente las modificaciones necesarias, en un trabajo de arquitectura boxística formidable. Naturalmente, se requería conseguir el fondo físico de un maratonista y la suficiente resistencia para aceptar cambiar metralla en el centro del ring sin el menor temor y poder superar al pequeño destructor tailandés en el laberinto. Fue un trabajo a fondo en el gimnasio, un estudio profundo en la pizarra y una impresionante disciplina para su ejecución. ¡Bravo por ese Estrada que vimos en ebullición!

Cuando dos púgiles que han ofrecido una gran pelea vuelven a encontrarse, se piensa que lo probable es algo parecido, aunque no siempre es una certeza. Ahí tienen todas las veces que se enfrentaron Ray “Sugar” Robinson y Jake LaMotta: las columnas de humo y el crujir de huesos se repitieron una y otra vez, pese a que “Sugar” hizo valer su superioridad en cinco ocasiones con solo una derrota, ¿Y qué decir de la furiosa trilogía Ali-Frazier? o de las batallas Leonard-Hearns…Rungvisai fue el mismo del primer combate, no Estrada, quien aplicó importantes y decisivos cambios en su geometría, logrando recortar la efectividad y la contundencia del tailandés, que le permitió alzarse con la victoria en el primer duelo.

Lució audaz y magistral

El combate respondió a las expectativas. Estrada estuvo magistral y audaz en su planteo. Supo evitar que lo llevaran a las cuerdas, lo que le facilitó disponer de espacio para “torear” a Rungvisai y manejar las dificultades, sacándole provecho a su flexibilidad, rapidez, uso de las combinaciones, el paso atrás y sobre todo, el constante trazado de esa derecha larga, incansable con llegada…Fue una equivocación de Rungvisai y la gente de su esquina, utilizar el perfil de peleador derecho, posiblemente en busca de anticipar o interrumpir, con su escopeta zurda adelantada, los estiramientos de la derecha de Estrada, proyectándose desde atrás. Eso no fue útil y tuvo que rectificar para cerrar con intensidad y consiguiendo crecer en presión, regresando a su origen zurdo.

Ningún temor de Estrada para meterse entre las brasas. Y lo demostró en el último round, luego de haber asimilado en algunos asaltos los golpes de más poder de Rungvisai, quien no pudo hacerse sentir con su golpeo al cuerpo. La izquierda del “Gallo”, siempre activa, aún sin la seguridad de la llegada, fue la clave en los oportunos contragolpeos, para que la derecha encontrara el camino despejado. En ningún momento hubo persecución. Siempre Estrada estaba ahí, al alcance, pero disparando y retrocediendo, impidiéndole a Rungvisai fijarlo en su mira. Victoria resonante y merecida y una lección de cómo debe prepararse un púgil para ajustar cuentas. Física, táctica, estratégicamente, con determinación y confianza, Estrada demostró ser un gallo de raza.