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¿Cómo en una semifinal de Champions se pueda ganar por goleada, un juego que el otro equipo, superior en casi todo, pudo haberlo convertido en victoria, no salir con las manos vacías?...El desvío de balón con punta de botín de Suárez dejando sin chance al arquero Allison, los dos goles de Messi, las dos espectaculares atajadas de Ter Stegen, y el rechazo de un poste pintado con los colores azulgrana, impidiendo un gol de Salah, hicieron posible, por 3-0, la victoria más sufrida del Barcelona en esta Champions. Y poco faltó, casi nada, para el 4-0, pero Dembélé dos veces, en el 90+5 y el 90+7, falló dos remates con olor a gol…Hubiera sido demasiado castigo para el Liverpool que cifras en mano, tuvo mayor posesión de balón que el equipo de Valverde 52-48 en porcentaje; más disparos 12-10, más asistencias 10-9, más tiros de esquina 5-3, más pases buenos 452-423, y sobre todo, más capacidad de penetración, más velocidad, más insistencia y mejores proyecciones.

Difícil salir de ese hoyo

Entre todos esos detalles, el Barcelona demostró que sabe resistir, y que contando con Messi, puede establecer desequilibrio en un par de instantes, como ocurrió en los minutos 74 y 82, empujando al formidable Liverpool al abismo, necesitando de una resurrección milagrosa: ganar por tres goles sin permitir para forzar un alargue.

Leo Messi. EFE/END

Esa misma diferencia en un marcador con goles sepulta al Liverpool y no se diga, un empate de cualquier tamaño. Pero… ¿qué es más probable, borrarle un 3-0 a aquel inmenso Milán con 45 minutos de vida en el 2005 o hacerlo frente a este Barcelona tan metido atrás, disponiendo de 90 minutos? Lo cierto es que por muchos cálculos que se hagan, se ve muy difícil que el Liverpool pueda salir de este hoyo tan profundo, mientras le pelea al City el título de la Champions.

Messi, siempre Messi

No es que lo del Barsa carece de explicación, porque después del gol de Messi estirando el 1-0 fijado por Suárez a los 15 minutos con una sigilosa cuchillada de su botín derecho, recibiendo un trazado bajo y potente de Jordi desde la izquierda, después de una maniobra de Messi con una entrega larga a Coutinho, el Barcelona se creció, restaurando su funcionamiento que pareció haber estado oculto en la gaveta. Eso sí, ningún golpe doblegó al Liverpool. Su manejo de balón en proyecciones era preciso y agobiante, con el Barcelona tan apurado y asustado como pocas veces lo hemos visto. Es por eso que el monumental tiro libre de Messi a los 82, capaz de pasar al lado y encima de todos los rascacielos de Manhattan y clavarse en la escuadra superior derecha de Allison, proporcionó al Barsa una ventaja insospechada de 3-0.

No bajar la guardia

El Liverpool reaccionó en busca de un gol en campo ajeno de mucha utilidad, y estuvo muy cerca, pero el poste derecho de Ter Stegen -quien había frustrado un disparo cargado y con buena dirección de Milner y un remate zurdo y bajo de Salah, arañándolo fuertemente con su mano derecha estirada-, devolvió lo que parecía un gol hecho...Los defensores del Barsa, que salieron mareados y agotados de ver danzando la pelota frente a ellos y sacando agua del pozo con desesperación, seguramente amanecieron con dolores de cabeza y sus músculos y su sistema nervioso dentro del hielo. Salieron ilesos de una cámara de torturas.

 

 El delantero brasileño del Barcelona Philippe Coutinho (d) pelea un balón con el centrocampista brasileño del Liverpool Fabinho. EFE/END ¡Qué exagero al decir que el Liverpool pudo haber sido el vencedor!, de ninguna manera. Ter Stegen evitó que la pizarra se volteara 1-2 en el inicio del segundo tiempo. Y una vez más, el factor Messi fue diferenciador. Todavía estoy asustado.