Edgard Tijerino
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Se dice que el Magic ha sido algo más que Dwight Howard en esta fulgurante postemporada. Ciertamente es el funcionamiento como equipo lo que produce magia, pero la incidencia de Howard como figura cumbre es lo verdaderamente desequilibrante. Los Lakers, vencidos en sus dos choques con el Magic durante la campaña, 106-103 y 109-103, lo saben muy bien.

¡Qué impresionantes lucen dos hombres de 6 pies y 10 pulgadas como lo son el iluminado Rashard Lewis y el espléndido jugador turco Hedo Turkoglu, pero cómo impacta el fenomenal Howard, que se eleva 6 pies y 11 pulgadas sobre el tabloncillo! Es él quien provoca pánico cuando se desborda, realizando proyecciones derrumba-paredes, culminándolas a veces con clavadas espectaculares.

En ninguna de las dos victorias sobre los Lakers con marcadores estrechos, reflejando lo cerrada que fue cada batalla, Howard fue el mejor anotador del Magic, en contraste con Kobe Bryant, que con 41 y 28 puntos, estuvo al tope, pero con 20 y 12 rebotes, anotando 18 y 25 puntos, “Supermán” Howard fue clave en el poderoso despliegue ofensivo del equipo que, igual que como lo ha hecho en los playoffs, ha sido dominador en los últimos cuartos, cuando las piernas flaquean y los pulmones se inflaman.

El Magic, frotando la lámpara, ha quebrado los vaticinios. Eliminó a los Celtics de Boston, que aun sin Kevin Garnett, pretendían defender el banderín obtenido hace un año superando a los Lakers; y luego saltó encima de los Cavaliers, que exhibían, como un monumento a la invencibilidad, al demoledor LeBron James, sin la menor duda, el mejor jugador de la NBA .

¿Cómo fue posible eso? “El funcionamiento colectivo”, dice Van Gundy. El fiero Howard no es uno más, pero trabaja como si lo fuera, y cuando necesita mostrar su grandeza, como en el juego de remate contra Cleveland, lo hace. Ahí están sus recientes 40 puntos con 14 rebotes, que obligan a Phil Jackson, el cerebro detrás de los Lakers, a considerar un doble marcaje, que no deja de ser peligroso frente a un equipo como el Magic, que aprovecha fisuras para abrir huecos en el pecho del enemigo.

¿Cómo robarle la magia al equipo de Van Gundy? Ésa es la misión que intentarán realizar los Lakers con Bynum, un hombre de siete pies, trabajando sobre Howard; el mejorado Pau Gasol, también con siete de estatura, buscando cómo sujetar a Rashard Lewis; y Lamar Odom (6-10), incomodando a Turkoglu.

El Magic llega mejor a esta final. Durante su travesía en los playoffs no se mostró tan inconsistente como los Lakers, que van a necesitar de un crecimiento “a lo Jordan” de Kobe Bryant, para evitar ser golpeados en la mandíbula por el poderío y buen juego que ha desplegado el equipo de Orlando hasta hoy. Pienso que el Magic va a imponerse en seis juegos, dejando otra vez a los Lakers en la orilla.


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