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ESPN Deportes

A los 45 años, Randy Johnson se ubica segundo detrás de Nolan Ryan en la lista de ponches de todos los tiempos en las Grandes Ligas, con 4,843 abanicados. Ha sido electo 10 veces al Juego de Estrellas y ha ganado cinco premios Cy Young, y será el lanzador número 24 en entrar al club de las 300 victorias.

En reconocimiento a la búsqueda de Johnson de los 300 éxitos, la edición de esta semana de los 9 Abridores revive los nueve momentos más memorables, buenos y malos, en la carrera de la Gran Unidad. Si puede vencer a los Nacionales, todos esos momentos se moverían un peldaño más abajo en el escalafón.


La Gran Emoción
(18 de mayo de 2004)
Catorce años después de que Johnson lanzara un partido sin hits para Seattle ante Detroit, se convirtió en el lanzador más viejo en conseguir un juego perfecto. Johnson estaba a cuatro meses de cumplir 41 años cuando paseó a los Bravos para la victoria 2-0 de Arizona en el Turner Field. Johnson además se unió a Cy Young, Jim Bunning, Nolan Ryan y Hideo Nomo como los únicos cinco lanzadores en lanzar un partido sin hits en cada liga.

Johnson superó a una alineación de Atlanta que no tenía a sus jugadores de doblematanzas Rafael Furcal y Marcus Giles, pero que sí tenía a Andruw Jones y Chipper Jones. Indujo a 28 fallos con swing, lanzó 87 de 117 pitcheos para strikes y llegó a las 98 mph en el radar con su pitcheo final.


El Gran Susto
(13 de julio de 1993)
Su velocidad espantaba. En el Juego de Estrellas de 1993 en Baltimore, John Kruk sufrió en carne propia los síntomas del síndrome llamado “Randy Johnson-itis”. Luego que Johnson lanzara una pelota que llegó hasta la pared detrás del receptor, que alegó que se le había resbalado de la mano debido a la humedad, Kruk fingió sentir palpitaciones. Se retiró rápidamente al hacerle swing a dos sliders de Johnson y tomar su asiento.

Luego del juego, Kruk le dijo a los reporteros que prefería que “le sacaran sus testículos” antes que volverse a enfrentar a Johnson. Prometió vetar cualquier cambio a la Liga Americana si eso significaba tener que medirse a Johnson. “Si estuviéramos en la novena entrada del séptimo juego de la Serie Mundial y me tocara batear y él estuviera en la lomita, no saldría a batear”, dijo Kru. “Le cedería el turno al siguiente bateador. Hey, la vida es demasiado preciosa. Ese tipo lanza demasiado duro y es demasiado salvaje. Puede matar a alguien.”


El Gran Juego
(2 de octubre de 1995)
Luego de que los Marineros superaran un déficit de 13 juegos para forzar a un juego de desempate con los Angelinos por el cetro de la División Oeste de la Liga Americana, era justo que Johnson ocupara la lomita para el gran espectáculo. La Gran Unidad logró récord de 18-2 con 294 ponches en 214 entradas en 1995, y lució como un maestro en la victoria de Seattle 9-1 sobre California.

Johnson congeló a Tim Salmon con un slider para el out final, entonces levantó sus brazos al aire y comenzó la celebración en la lomita. Lucía como la versión Humana de la Aguja Espacial de Seattle. El estadio Kingdome se volvió una especie de manicomio, y parecía que la mitad de la fuerza policiaca de la ciudad escoltara a los Marineros hasta el aeropuerto para el vuelo a Nueva York para comenzar los playoffs.

La Gran Sorpresa (4 de noviembre de 2001)

No es secreto que Johnson y Curt Schilling no eran los mejores amigos durante su tiempo en Arizona. Schilling adoraba expresar sus opiniones y parecía amar la publicidad. Johnson podía parecer hosco y distante, y pasaba la mayor parte del tiempo en un capullo.Pero la cortesía profesional reina por encima d todo, y Schilling habló por mucha gente luego de la Serie Mundial de 2001 cuando dijo, “esa aparición en relevo es todo lo que necesitamos saber sobre Randy Johnson.”

Un día después de lanzar siete entradas y 104 pitcheos para vencer a los Yankees 15-2 en el Juego 6, Johnson salió del bullpen para hacer 17 lanzamientos y conseguir los cuatro outs finales del Juego 7 para darle a Arizona el campeonato. El valiente relevo de Johnson creó el escenario para el climático hit de Luis González ante los envíos de Mariano Rivera en la novena entrada.